lunes, octubre 16, 2017

BLADE RUNNER 2049




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Nadie en su sano juicio se esperaba que Blade Runner (1982) de Ridley Scott contase con una secuela. Hasta hace poco eso se hubiese considerado toda una aberración cinéfila. El inventarse la continuación de una película que tal y como estaba presentada y facturada no precisaba de ninguna segunda parte y que además siendo una obra de mucho más que culto no procedía la jugada propia del cine comercial de la secuela ha sido una osadía pero al fin y al cabo una inteligente y felizmente resuelta osadía. Porque no solo su principal promotor ha sido el director de aquel inmortal de la ciencia ficción distópica, el ínclito Ridley Scott aquí ejerciendo tareas de productor, sino que se ha contado con el guionista de aquella, Hampton Fancher- en esta ocasión junto con Michael Green- , la intervención de Harrison Ford de nuevo con el inolvidable Rick Deckard, un director de la nueva hornada tan excepcional como el quebequés Denis Villeneuve (Sicario, La Llegada) y sobre todo una total voluntad de hacer las cosas no ya solo bien sino en modo excelso y un enorme sentido de la responsabilidad para seguir los pasos estilísticos, filosóficos, estéticos y en definitiva todo el complejo y fascinante espíritu de Blade Runner, una de las mejores películas de todos los tiempos y un completo must no ya solo de la ficción científica futurista sino de la cultura universal con notable influencia en el estilismo, el diseño, la arquitectura, la ingeniería, la manera de plantear un futuro pesimista, etc. etc., etc (en fin, cosas que se han dicho en cientos y cientos de artículos periodísticos). La secuela estaba claro que no iba a llegar ni por asomo al nivel de obra original, pero ha resultado una excelente cinta que puede que genere división de opiniones entre los fans de BR pero que cumple las mejores expectativas sobre todo el aspecto técnico y artístico gracias precisamente al esfuerzo de homenaje y fidelidad que hemos comentado antes y aunque el sustrato filosófico que tanto sigue fascinando incluso hasta hoy del BR original aquí no luzca tanto. Un excelente trabajo de Denis Villeneuve que con este filme ya puede lucir orgulloso galones de gran director.      

Ahora estamos en 2049, 30 años después de los acontecimientos de BR de Ridley Scott. La Tyrrell Corporation ya no existen ni tampoco los replicantes Nexus 6, pero Los Angeles sigue siendo esa megalópolis superpoblada, decadente, tóxica y contaminada  en donde los anuncios publicitarios- ahora holográficos y virtuales-  dominan el paisaje urbano. No obstante, una empresa de inteligencia artificial llamada Wallace Corporation, que se hizo con los restos de la Tyrrell, creó tiempo atrás los Nexus 8, unos replicantes de vida ilimitada diseñados para trabajar como esclavos que al igual que los Nexus 6 se han salido de su cometido. Un policía Blade Runner de nombre K (Ryan Gosling), en realidad otro replicante consciente de ello, es el encargado de retirarlos. Un asombroso descubrimiento pondrá a K en una tesitura existencial extrema similar a la que vivió Rick Deckard (Harrison Ford) años atrás y precisamente será el encontrar a un desaparecido Deckard lo que puede aclarar muchas de las inquietantes dudas que se le plantean a K (y a la humanidad) en este caso. La historia se sigue con un interés muy similar al de la primera cinta (aunque con más altibajos) y se nota bastante que está trabajada al más mínimo detalle con el fin de no traicionar al universo BR. conservando en todo momento ese homenaje a la serie negra del filme original y tratando de adaptar los avances tecnológicos actuales y posibles futuros al porvenir distópico imaginado hace 35 años -incluyendo la tecnología de comunicación y  la virtual, encarnada por el interesante personaje de Joi (la hispanocubana Ana de Armas), una mujer holográfica compañera sentimental de K - , aunque una innecesaria voluntad por explicar determinados asuntos de la trama en lugar de la sutiles sugerencias que se estilaban primer filme resulte un poco cargante e improcedente. También están de más momentos como la aparición de Rachael (Sean Young, recreada digitalmente con su imagen del filme de 1982), pero sin que la consistencia de la película se malogre.

La excelente fotografía de Roger Deakins sigue los pasos de la Jordan Cronenwerth, pero con el valor añadido de que en todo momento huye de la imitación y busca un status propio y original, que lo logra con tonos inquietantemente ocre y pardos en las escenas de una desahuciada Las Vegas y una iluminación extrañamente tenue en otros momentos, más cercana a los usos digitales del siglo XXI que a los claroscuros que homenajeaban al cine noir. También se ha conseguido una puesta al día en decorados, predominando una atmosfera eco-New Age en estancias donde la madera predomina y en (artificiales) paisajes vegetales, y el mensaje existencial sobre el ansia de vivir, la relación del ser humano con la creación artificial, y la humanidad en un futuro poco halagüeño se mantiene, quizás demasiado poco cambiante y por ello repetitivo aunque ahora se añade un tono más definitivo que al final no se resuelve. Así, con algún cabo de la trama con potencial que no consigue desarrollarse compensado con interesantes giros de guión y el impagable regreso de un entonado Ford con una perfecta réplica por parte de un esforzado Ryan Gosling, Blade Runner 2049 consigue convencer y a buen seguro entusiasmará a muchos. No decepciona en absoluto la nueva galería de personaje que además de los citados incluye a la teniente de policía Joshi (Robin Wright), el fornido replicante granjero Sapper Morton (Dave Bautista), la implantadora de sueños Ana Stelline (Carla Juri), la intrigante prostituta artificial Mariette (Mackenzie Davies), la aguerrida replicante Luv -la Roy Batty de este filme- (Sylvia Hoeks), el codicioso empresario ciego creador de vida artificial Wallace (Jared Leto) y el regreso de Gaff (Edward James Olmos) . Se echa en falta eso si la música de Vangelis, sustituido por otros dos grandes, Hans Zimmer y Benjamis Wallfisch que calcan tal vez demasiado el sonido de sintetizador de alto voltaje ochentero del griego así como sus motivos musicales (el hermoso tema Tears in rain es la única creación de Vangelis de la primer película que oímos en este filme). Pero en conclusión, ha salido bien casi todo dentro de una empresa muy ambiciosa y un clásico inmortal del séptimo arte como Blade Runner tiene una digna continuación, en tono menor como no podía ser de otra manera, pero digna y excelente al fin y al cabo. Muchas gracias a  Denis Villeneuve seguir haciendo que todos estos momentos no se pierdan, como lágrimas en la lluvia.

jueves, octubre 05, 2017

LA CORDILLERA





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El cine argentino con mayores pretensiones lleva camino de identificarse irremediablemente con Ricardo Darín. Esto no tiene por que ser necesariamente muy buena señal para la industria cinematográfica de ese país ya que así parece depender en demasía del concurso de un actor que por otro lado nunca defrauda en sus interpretaciones. Sea como fuere, este filme esta claro que aspira a ser algo más que otra película de Ricardo Darín y en ese sentido aquí se nota la mano maestra de un director que busca claramente que el cine argentino esté a la altura del mejor cine de todo el mundo: Santiago Mitre, responsable de dos de los últimos grandes aciertos de la cinematografía de su país como son El estudiante (2011) y La patota (aka Paulina) (2015), ha acertado con este curioso thriller político-psicológico lleno de enigmas y que en un momento dado parece convertirse en un filme fantástico pero sin que se llegue plenamente a tal situación.

Con un planteamiento de salida en clave de política-ficción la película se estructura principalmente como una crítica a la corrupción pública y las miserias de las políticas en Iberoamérica y la difícil relación entre todos esos países, “hermanos” en teoría pero cada uno con sus propios intereses en medio de una situación económica y política mundial en la que a ellos les toca cargar con toda la mierda en todos los sentidos  producida por el hemisferio norte y por sus propias contradicciones y deficiencias como países. Una conferencia de presidentes sudamericanos (y de México) en un apartado hotel en medio de los nevados andes chilenos es el escenario en el que vemos moverse al presidente argentino Hernán Blanco (Darín, excelente como de costumbre), dispuesto a formar parte de una alianza petrolífera hispanoamericana siempre que converja con los intereses de su país y no dé demasiada ventaja a otros estados. Pero al mismo tiempo el gobierno argentino recibe un inquietante chantaje personal por parte del ex yerno de Blanco mientras que Marina (Dolores Fonzi), la hija del presidente, llega sorpresivamente al hotel y no tarda en experimentar un desconcertante episodio de desequilibrio mental. Así, Hernán Blanco se verá envuelto en dos importantes dilemas: por un lado uno personal concerniente a su hija,  su inquietante cambio de comportamiento y las amenazas de su ex marido y por otro lado un enrevesado y maquiavélico juego de negociaciones político. Es esta como se ve una historia esquizofrénica con un enrevesado componente psicológico de carácter casi paranormal - en donde la hipnosis, muy bien tratada en este filme, juega un papel fundamental- y una intriga política más bien metafórica y gélida (como el entorno donde nos situamos), con una resolución desconcertante que tal vez encuentra su explicación en una línea de diálogo del filme (en donde se habla precisamente de la metáfora). Lo mejor de todo es que las dos historias sin llegar a fusionarse debidamente se llegan a tocar de soslayo en no pocos momentos provocando la sensación de que estamos ante un relato tan engañoso como interesante en el que solo mediante los códigos del cine fantástico podamos hallar una explicación de lo que hemos visto. Con influencias del thriller nórdico o el Kubrick más retorcido y apostando por la estilística del cine europeo, La Cordillera, es una película inusual y extraña que triunfa en su propósito de mostrar las consecuencias de la ambición política en la corrupción moral de una manera dual y descarnada por medio de un personaje muy complejo como es este presidente argentino que encarna Ricardo Darín. Un buen reparto internacional panamericano en donde interviene Daniel Jiménez Cacho como un presidente mexicano bastante sibilino además del mismísimo Cristian Slater como un emisario del gobierno USA con una mefistofélica propuesta, tan empaque a una película que generará división de opiniones pero que resulta enormemente fascinante.        

lunes, septiembre 25, 2017

DETROIT





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Siempre tiene un cierto riesgo la amalgama géneros en el cine, tal vez por ello una película que ya desde sus primeros compases de metraje se presenta como una mixtura de crónica histórica contemporánea, cine social con elemento de denuncia, relato policial y pinceladas de acción hace temer al espectador lo peor. Sin embargo, en el caso de Detroit, nuevo filme de la hábil Kathryn Bigelow se ha conseguido una soberbia película que, efectivamente, con algunos recursos propios de la violencia cine de acción- que la directora ha demostrado dominar en filmes anteriores como En tierra hostil dejando además una original impronta autoral - y pequeñas concesiones a la intriga policial narra de un modo realista, descarnado y con escasa comercialidad un oscuro hecho de la historia norteamericana de los últimos 50 años. El caso del Motel Algiers de Detroit, Michigan, que tuvo lugar en julio de 1967 y en donde unos policías blancos ejecutaron a tres jóvenes negros inocentes en una noche de malentendidos y odio racial en plena revuelta de la población negra en esta ciudad, además de ser un excelente material cinematográfico era una manera muy ilustrativa de tirar las orejas a un país en donde la discriminación racial ha sido durante muchos años- y sigue siendo ahora en no pocos casos- un quebradero de cabeza y aunque EEUU siempre haya presumido de su apertura democrática. Lo cierto es que Detroit, que da su propia (y posiblemente muy aproximada) interpretación sobre los trágicos hechos que ocurrieron en las habitaciones de aquel motel  es una película más efectiva que efectista  y que demuestra además como en un contexto espacio-temporal muy reducido se puede contar una historia tan apasionante como realistamente sobrecogedora que atrapa y angustia al espectador desde el primer momento.

Con la utilización de algunas imágenes de la época de archivo- principalmente fragmentos de informativos y escenas reales de las revueltas raciales de Detroit- la película está perfectamente ambientada en el Detroit de finales de los 60 y no renuncia al habitual estilo semidocumental de la directora que esta vez se ha esforzado no solo en trasladar magistralmente la opresiva atmósfera de la tensión del momento histórico de altercados varios sino en presentarnos el espíritu de la época  de una ciudad que fue un símbolo de esperanza, orgullo y libertad para la población negra ya que allí se gestó el célebre sello discográfico Tamla Motown, la primera compañía de cualquier sector hecha principalmente por y para negros y que en este film cumple un papel significativo y tangencial además de ser objeto indirectamente de homenaje. Con un estilo narrativo muy verista, un ritmo que trata de oal tiempo real (un recurso muy acertado en una historia como esta) y unas interpretaciones desgarradas por parte un grupo de muy competente y en su mayoría jóvenes intérpretes, Detroit consigue ser un filme tan cautivador como desasosegante que puede que incomode a los espectadores más sensibles con su violencia a veces desatada. Y es que su elemento de denuncia, en este caso de la brutalidad y corrupción policial en un caso que no quedó resuelto como es debido, trata de imponerse en todo momento y un vehículo efectivo para esto ha sido el mostrar los engranajes psicológicos del odio y de la intolerancia en los personajes de los policías blancos. Y por el otro lado un grupo de chavales afroamericanos idealistas y con ambiciones artísticas algunos de ellos que se encontraron inesperadamente con un infierno que nosotros revivimos por obra y gracia de la genialidad de su directora. Tal vez la excesiva duración del filme con un epílogo judicial tosco y tedioso sea un cierto lastre, pero lo cierto es que Detroit es una de las mejores películas de lo que llevamos de año.               

lunes, septiembre 18, 2017

EL AMANTE DOBLE (L´AMANT DOUBLE)



 
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No se sabe si lo que se necesita para disfrutar de esta película y captar todo su alcance es entrega (difícilmente con un argumento tan granítico y una estética más bien gélida), perspicacia (es muy difícil presumir la historia  de la historia al menos tal y como se nos presenta el final de la misma) o sencillamente asumir desde el inicio que no conviene tomarse demasiado en serio lo que se intuye un dramón psicológico con romance por medio, algo imposible dada precisamente la citada naturaleza de la cinta. Lo cierto es que en esta ocasión un cineasta tan dotado como François Ozon se ha permitido tomar ligeramente el pelo al público o siendo más benévolos lo que ha hecho es adentrarse en el thriller con fuertes connotaciones sexuales jugando a las apariencias con un el siempre imponente desde el punto de vista narrativo final sorpresa e inesperado, consiguiendo en todo momento una película más que convincente pero que suscitará división de opiniones. El Amante Doble se justifica  tratando de ser ante todo una película que juega con la inestabilidad mental de su protagonista, la joven Chloe (Marine Vacht), una mujer de 25 años atormentada por su frigidez sexual y por inquietantes molestias físicas cuyo destino se une inesperadamente a de su psiquiatra Paul (Jeremie Renier) que termina siendo su pareja pero sin que la situación de la chica no parezca mejorar demasiado. Chloe busca equilibrio emocional, amor y sexo satisfactorio y en medio de ello surge la figura del hermano gemelo extraviado de Louis (Renier de nuevo) un joven también psiquiatra que es la antitesis de su hermano con quien no tiene trato: altivo, narcisista. Déspota y salvajemente sexual frente a la prudencia y el saber estar de su gemelo. Chloe decida iniciar una relación con Louis a espaldas de su novio y a partir de allí surge un complicado y algo extravagante juego narrativo -por lo poco que está explicado y por su escasamente lógico discurrir- que parece desembocar en lo delirante detalles desconcertantes y aparentemente absurdos y descontextualizados incluidos.

Ozon se ha querido apuntar al thriller dramático erótico -son bastantes las escenas de sexo y es que ese elemento cumple un papel central en la historia-  con un regusto claramente anglosajón pero sin renunciar a lo más genuino del cine de intriga europeo y con ciertos elementos aparentemente patrimonio del cine fantástico como el gore. Suenan las referencias de Paul Verhoeven, Brian de Palma y sobre todo del David Cronemberg de obras como Inseparables donde el mundo gemelar estaba ligado a la sexualidad más inquietante. Y es que aquí hay primeros planos médicos de vaginas, relaciones sexuales peculiares y alguna escena onírica al respecto de turbadora carga fantapsicológica. La historia esta vista con los ojos de su protagonista pero realmente no llegamos a saber si esa visión es del todo la real, dadas las características del personaje y el mundo en donde se ha metido. No obstante el elemento psicológico e incluso el thriller no logran tener toda la consistencia que debería tener por que el guión se empeña en irse por lo efectista y las imágenes aparentemente impactantes  haciendo que los momentos finales del filme encajen muy mal con el ya de por si lioso batiburrillo de lo que habíamos visto antes. Personajes como el que encarna la veterana Jacqueline Bisset se antojan claves pero no dejan de plantear preguntas que después de ver el filme no parecen hallar respuesta fácil. No se si esta película precisara de otro visionado para ser comprendida en su plenitud pero tal y como se percibe en su primer contacto es un filme tan interesante y logrado como absurdamente sinuoso.      


miércoles, septiembre 13, 2017

IT




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Tal vez uno de los escritores más llevados a la pantalla, la obra de Stephen King, el bestsellerista del género terrorífico por excelencia, ha dado lugar en su mayor parte a mediocres filmes de horror aunque también es cierto que hay alguna obra maestra entre ellas, como lo es El Resplandor (1980) de Stanley Kubrick o excelentes cintas que son también todo un clásico del terror como Carrie (1976) de Brian de Palma, ambas películas plasmaciones en imágenes de también sus dos mejores  novelas, junto con la que nos ocupa ahora, It, publicada en 1986. La que es para muchos la novela más terrorífica de King tiene por fin una adaptación cinematográfica tras una miniserie de TV de 1990 y pese a que se sitúa bastante por debajo que Carrie y ya no digamos que de El Resplandor, lo cierto es que se puede decir que esta es la tercera mejor película basada en un escrito de Stephen King pese a ciertas deficiencias e irregularidades. King tal vez sea un escritor comercial, sobrevalorado y mediocre que no hace más que utilizar todos los manidos tópicos tangibles del terror utilizados desde tiempo inmemorial, pero no hay duda de que durante más de 40 años ha sabido atraer al público creando sugerentes relatos jugando con el efectismo, la cultura americana y el espíritu de la serie b en literatura, cine, cómic o cualquier otro medio logrando ser un muy leído y seguido autor que ha cedido al séptimo arte algún momento magistral como este o los comentados o incluso alguna medianía de culto como las adaptaciones de Los Chicos del Maiz, Cujo o La Zona Muerta sin olvidar alguna pequeña gema fuera del género como Cuenta conmigo (1986), por lo que su figura no debería caer en saco roto. It, primera de las dos partes que se tienen intención hacer de la larga novela homónima, no supone ninguna novedad temática ni estilística de calado como película de terror pero consigue con creces su fin de mostrar un terror primigenio e inconsciente, tal vez demasiado explícito y truculento – marca del autor-  para ser calificado de psicológico pero que consigue con efectividad perturbar al espectador y a buen seguro “traumatizará” a los más sensibles porque no hay nada más pesadillesco e inquietante que los terrores infantiles ,algo que con tino retrata esta película. Se nota que hay detrás de ella un director muy hábil y de gran proyección como es el argentino Andy Muschietti, que debuta exitosamente en Hollywood en su segundo largo tras Mamá (2013), una coproducción hispanocanadiense que llamó la atención de la crítica  

Pese a que la película se toma licencias con el texto original y omite pasajes que podían resultar problemáticos (sexo entre preadolescentes), se nota un claro intento de ser fiel al espíritu original del texto y de plasmar con minuciosidad todos los intríngulis de la relación entre los chavales protagonistas, críos entre 13 y 14 años unidos por ser blanco de burlas, bulling y ninguneos varios y por ser testigos de las apariciones de eso, un ser de origen no aclarado que surge cada 26 años de las cañerías subterráneas de Derry, el pueblo de los chicos, y que adapta las formas de los terrores cotidianos de sus víctimas -siempre niños y adolescentes-  para atacarlas y supuestamente devorarlas. La primera desaparición de Georgie, el hermano pequeño de Hill, que avista en una alcantarilla a un terrorífico clown que se hace llamar Pennywise el payaso bailarín  (Bill Skarsgard) es el pistoletazo de salida a una historia que se sigue con mucho interés y que tiene reservados sus sustos de rigor y sus momentos e imágenes impactantes (que al menos se salen del tópico en este tipo de cine) pero que no logra de tener la “puntuación” necesaria para ser una gran película.  El septeto de críos que encarna a “los Perdedores” resulta encantador en la mayor parte del metraje (especialmente es reseñable el trabajo de la única chica, Sophia Lillis), pero tanto personaje hace que el espectador no llegue a empatizar con ninguno de ellos. Lo más recordado será el personaje de Pennywise, al que Bill Skarsgard sabe sacar partido con sus horripilantes intervenciones y su caracterización, aunque en realidad a veces no suponga más que un deja vu de personajes similares como Freddy Kruger. Pero pese a sus fallos, el filme no es de modo alguno es una  cinta mediocre: una atmósfera de horror basado en el subconsciente y la pesadilla (especialmente memorables son las reapariciones del pequeño Georgie) y una buena combinación del suspense con el cine de grupos de adolescentes más costumbrista con el plus nostálgico de que la historia está ambientada a finales de los años 80, hacen de It un producto tan efectista como efectivo. El tiempo dirá si se convierte en un filme de culto o no.

viernes, septiembre 08, 2017

VERÓNICA




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El cine español se va sacudiendo prejuicios gracias a directores tanto hábiles, dotados e inteligentes como arriesgados. Y es que el cine patrio además de ser capaz de ofrecer en algunas ocasiones productos de gran calidad también ha superado el complejo de inferioridad pertinaz que tenía ante el cine de género, algo que no es en absoluto nuevo pero con la consecución de filmes como este, que puede ser calificado sin exagerar como la mejor película española de terror de la historia al menos hasta el momento, se puede confirmar que en materia de horror, thriller, fantasía, etc. el cine español puede competir internacionalmente. Paco Plaza, que en los 2000 formó un interesante tandem como realizador junto con Jaume Balagueró aunque con títulos desiguales en los géneros fantástico y terrorífico principalmente por la precariedad de medios, se consagra como un gran director con una película de terror psicológico y paranormal en estado puro con un muy logrado sustrato de crónica de maduración adolescente femenina y de retrato sociológico de una época, como era el principio de lo 90 en España, un periodo en el que el país trataba de abrazar por fin la modernidad como país (JJOO de Barcelona de 1992) pero que aún tenía lastres importantes. Todos esos propósitos se han cumplido perfectamente y Plaza puede estar más que satisfecho con una película que además logra lo que aspira todo buen relato de terror: crear el miedo en el espectador durante casi todo el transcurso del mismo utilizando recursos imprevisibles y trabajados huyendo de cualquier tentación por el miedo visual o el susto fácil.

Uno de los principales atractivos de esta película es el hecho de estar basada en uno de los escasos casos paranormales registrados por la policía en España y uno de los más estudiados por expertos en ocultismo en la península: el llamado caso Vallecas, acaecido en el barrio madrileño a principios de los 90 y del que hay aún múltiples e inquietantes interrogantes. No obstante esta es una adaptación muy libre en donde  además de cambiar ligeramente los años y la temporalidad de los sucesos  (la acción de la película se desarrolla durante tres días de 1991), se cambian nombres y circunstancias de los personajes y también situaciones  hasta el punto de que prácticamente esta es una historia original. Y es precisamente en su afán de contar una historia más o menos creada  -aunque basada en crónicas reales- en donde la película triunfa narrativamente en el siempre difícil género del relato de terror, con la consecución de una atmósfera que combina magistralmente lo cotidiano y costumbrista (con una estupenda recreación de el barrio de Vallecas en los 90 con ese sempiterno trasfondo obrero y popular) con el terror psicológico en su vertiente más metafísica, intangible y de pesadilla, siempre visto desde los ojos de su protagonista, la adolescente de 15 años Verónica. La debutante Sandra Escacena se adueña de la película y consigue trasmitir al espectador esa explosiva mezcla de fragilidad, duda, atrevimiento, curiosidad y aspiración a la madurez que es su personaje, una jovencita que con una madre ausente casi todo el tiempo y con un padre fallecido tiene la responsabilidad de cuidar a sus tres hermanos pequeños. Una situación en la  adolescencia muy difícil que será en telón de fondo en el cual Verónica entre en una terrorífica situación provocada por pavorosos fenómenos sobrenaturales.

Mediante una tabla de ouija, Vero y dos amigas de su colegio de monjas tratan de contactar con las almas de personas allegadas fallecidas, entre ellas el padre de la protagonista, pero la coincidencia de la sesión con un eclipse solar parece haber abierto la puerta a algo inesperado. Durante los días  siguientes, Verónica y sus hermanos serán testigos de diversos acontecimientos que se van tornando cada vez más malignos e inquietantes. A partir de ese momento entran en juego diversos recursos del terror psicológico como la omisión de imágenes o de secuencias, la sugestión, la incursión de imágenes en momento determinado, la confusión entre realidad e imaginación y sueños y así hasta una lista interminable de ítems que  el director y guionista sabe manejar con maestría y con recursos tan originales como la utilización de la cultura pop noventera (buscando un inesperado lado tenebroso a lo más banal en algún momento dado) o algún homenaje-trampantojo, como el que se hace a el filme Quien puede matar a un niño de Chicho Ibáñez Serrador, un clásico del terror español. Se perciben influencias de Clive Barker, Poltergeist, El Exorcista, el cómic Sandman de Neil Gaiman o La Semilla del Diablo. La película aterroriza, espanta e inquieta en momentos concretos, saca juego a un paralelismo terrorífico con la menstruación, y consigue perturbar cuando juega con la inocencia de los niños pequeños. Su crescendo terrorífico- instantes finales soberbios- está realmente conseguido  y el reparto central está soberbio: a parte de la estupenda actuación de Escacena, Ana Torrent está perfectamente creíble como la madre despreocupada pero sufrida y los niños Bruna González, Claudia Placer e Iván Chavero se comen la película en difíciles escenas. Como únicos pero a Verónica se puede decir que el guión peca a veces de demasiado previsible. Por lo demás, una película que definitivamente encumbra al género terrorífico del cine español, vertiente que esperemos que siga dando buenos momentos ya que con un director como Paco Plaza se pueden esperar muchas maravillas.     

martes, septiembre 05, 2017

EN LUGAR DEL SR. STEIN (UN PROFIL POUR DEUX)






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Los simulacros, montajes y malentendidos siempre han resultado materia prima de primer orden en la comedia cinematográfica, y después de muchas películas mejores y peores siguiendo ese esquema parece que ya poco puede sorprendernos. Pero la realidad nos demuestra que la fórmula sigue funcionando para hacer estupendas películas cuando hay detrás una historia sólida, original y divertida y unas interpretaciones notables. Francia, un país que siempre ha mimado la comedia, es desde donde llega esta entretenida propuesta dirigida por Stéphane Robelin, un director que aún ha dirigido pocos filmes pero al que habrá que seguir la pista, y protagonizada por una leyenda de la comedia gala como es Pierre Richard (El Gran Rubio con un Zapato Negro, La Cabra, Dos Fugitivos) que sigue conservando su vis cómica (aunque en un registro menos histriónico con respecto al que le hizo famoso) y su gran hacer interpretativo todoterreno. Internet y las redes sociales es el trasfondo en el cual se mueve esta película que supone una cierta reivindicación de la madurez y la experiencia en el terreno del amor y de las relaciones y de la posibilidad de que la población madura pueda utilizar las tecnologías de la comunicación con el mismo uso cotidiano que hace las gente más joven pero aportando no ya sólo la calidez de su cultura analógica- de la que la informática carece- sino el plus de una educación sentimental donde las relaciones frente a frente y el contacto físico eran algo esencial e indispensable.   

Tomando como punto de partida e inspiración un mito tan francés como el Cyrano de Bergerac y por lo tanto cierto regusto romántico-dramático, la película nos cuenta como Pierre Stein, un octogenario parisino viudo desde no hace mucho y que apenas ya sale, consigue recuperar sus ansias de vivir gracias al hecho de que ha conocido mediante un Chat de citas de Internet a Flora (Fanny Valette) una joven belga de 31 años que cree que está hablando con un treintañero. Y es que Pierre ha utilizado la foto de su joven y sufrido profesor particular de Internet- un mundo que al principio Pierre desconoce- Alex (Yannis Lespert) un muchacho con ambición de ser guionista televisivo que ha accedido al empleo por mediación de la familia de su novia, la nieta de Pierre (aunque este ignora tal circunstancia). Alex tendrá que citarse con Flora simulando ser la persona que chatea con ella, algo que no le será fácil dadas sus enrevesadas circunstancias. Los mensajes de eliminación de barreras (tecnológicas o no) intergeneracionales y sobre todo de que todo propósito merece la pena intentarlo, es con lo que se queda el espectador, además de con una sonrisa propia de haber visto una película agradable y generosa.

miércoles, agosto 30, 2017

VALERIAN Y LA CIUDAD DE LOS MIL PLANETAS (VALERIAN ET LE CITÉ DES MILLES PLANÈTES)




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Ha resultado un tanto decepcionante esta adaptación del cómic francés Valerian et Laureline, personajes creados en 1967 por Pierre Christin y Jean-Claude Mezières protagonistas de imaginativos álbumes de ciencia ficción espacial que resultaron enormemente influyentes la historieta fantástica de los 70 (dicen que hasta el mismo George Lucas tomó nota de algunas ideas para su saga Star Wars). Luc Besson, director galo especializado en el cine de género con especial predilección por la ci-fi, vuelve a adaptar un cómic de su país (un filón de obras maestras de la viñeta)  tras Adèle y el misterio de la momia (2010), pero la cosa no ha salido excesivamente bien a causa de un ritmo narrativo irregular y dubitativo y al fin de cuentas inadecuado para una superproducción de ciencia ficción como esta, la película francesa más cara hasta el momento. Brillan los efectos especiales y sobre todo una fotografía e imágenes sugerentes y a veces muy bellas especialmente en los compases iniciales del filme gracias al buen hacer la recreación digital: se nos presentan planetas de auténtico ensueño, como el paradisíaco Mül y sus idealizados habitantes humanoides o estaciones espaciales-ciudad tan complejas como la base Alpha, con un espectacular megatravelling incluido en un momento del metraje. Esas audacias técnicas - realizadas lógicamente para lucir en la versión 3D- se quedan en nada cuando la película no sabe estar a la altura de sus sugerente e interesante argumento y empieza a hacerse farragosa a mitad del filme, pese a algún momento álgido puntual especialmente en los momentos finales del metraje. Luc Besson, que había sorprendido con su filme anterior Lucy (2014) ha optado como otras veces por hacer un producto comercial con la vista puesta en el mercado estadounidense (huelga decir que la mayor parte del reparto es anglosajón) aunque y como era de esperar con alguna seña de identidad europea de los modismos de la bande desineé francesa en el campo de la ficción científica. En definitiva, todo insuficiente y eso que se nota que visualmente el prolífico cineasta transpirenaico ha intentado transmitir su amor por el cómic original con un importante esfuerzo cinematográfico.

Inspirada en el álbum El Imperio de los Mil Planetas (1970), la historia nos cuenta como los jóvenes pero hábiles oficiales de policía intergaláctica el comandante Valerian (Dane DeHaan) y la sargento Laureline (Cara Delevigne)  se ven envueltos en una aventura instada a partir de un sueño de Valerian, según el cual él cree que debe hacerse con una pequeña criatura de un desconocido planeta paraíso capaz de reproducir unas perlas originales de ese planeta que según parece poseen una increíble energía. Pero unos extraños acontecimientos en la base Alpha, una gigantesca nave donde viven millones de seres de diferentes planetas, harán que las misteriosas perlas y todo lo que en realidad suponen pronto tomen inusitado protagonismo. A favor de la película se puede decir que prescinde prácticamente de la  violencia que últimamente se asocia a este tipo de cine y que su puesta en escena, como hemos dicho, resulta deslumbrante e hipnótica pero a los actores se les nota perdidos incluidos a los voluntariosos Dane Dehaan y Cara Delevigne que consiguen cierto carisma y química entre ellos que pese a todo se encuentra en las antípodas del cómic original. Por el contrario, Clive Owen, Sam Spruell, Ethan Hawke, Chris Wu o la cantante Rihanna no parecen estar excesivamente cómodos. Una oportunidad  perdida para reivindicar el cómic europeo de género como material de primer orden para el cine de entretenimiento.  




lunes, agosto 28, 2017

ABRACADABRA



 
*** y 1/2
        
Se esperaba con ansiedad el regreso de Pablo Berger con un nuevo filme después de la excepcional Blancanieves (2012), una película que dejó el listón demasiado alto y que tal vez ejerza una cierta presión sobre el cineasta en cuanto se le exigirá casi siempre películas magistrales. Pero lo cierto es que esta Abracadabra, sin ser ni mucho menos una obra maestra resulta una cinta curiosa, inteligente y con un punto de genialidad – aportado sin duda  por un director que está demostrando ser un fuera de serie como es el que nos ocupa- con su mezcla de géneros: comedia costumbrista, drama, fantasía, thriller e incluso terror se dan cita en una historia eminentemente ibérica que bebe de Berlanga y de Azcona y que no duda en recurrir al cine de género y a los clichés del cine comercial norteamericano- convenientemente satirizados además de adaptados al entorno socio-geográfico patrio- para ofrecer un hilarante esperpento que divierte inteligentemente y que puede gustar y entusiasmar a públicos variopintos      

El director bilbaino ha sabido rodearse de un reparto competente que dota de total credibilidad a unos personajes perfectamente identificables en su cotidianeidad con personas reales de la España actual en una historia que pese a su premisa sobrenatural y fantástica es una clara crítica-mofa de tinte realista y costumbrista a un país en donde los cafres, garrulos, machistas, horteras y despreocupados por todo por desgracia abundan. Así mismo, se lanza un velado mensaje de empoderamiento femenino en donde Carmen, el personaje de Maribel Verdú Carmen, una ama de casa cuarentañera con pocas perspectivas tiene la oportunidad de dar un vuelco a su vida, condicionada por su déspota y básico marido Carlos (Antonio de la Torre) y lo tratará de aprovechar por medio de una increíble situación. Carlos, en el banquete de la boda de un sobrino de Carmen, es hipnotizado por el primo de esta, Pepe (José Mota), un torpe aprendiz de hipnotizador: lo que aparentemente parecía no tener consecuencias dada la ineptitud de Pepe parece que ha abierto la puerta a la posesión de Carlos por parte del espíritu de un joven fallecido en 1983 en desagradable episodio. Carlos, con un sospechoso cambio de comportamiento y personalidad es durante determinados momentos una persona comprensiva, cariñosa, culta y atenta con Carmen y con su hija adolescente Toñi (Priscilla Delgado). Carmen y Pepe intentarán saber la historia real de Tito, el hombre que posee intermitentemente a Carlos, pero mientras tanto los sentimientos de Carmen acerca de la sobrenatural circunstancia empiezan a ser contradictorios. La película no trata de tomarse demasiado en serio a si misma y tampoco espera que el espectador lo haga pese a que sus mensajes son más bien serios en medio de un guiñol de comedia-drama fantástica.

Con influencias bien dispares de Woody Allen, los cómics de Bruguera, Stephen King, David Lynch o el cine slasher además de los ya mencionados elementos berlanguianos, Abracadabra, resulta un filme muy poliédrico y más complejo de lo que aparenta su engañosa simplicidad, incluyendo un final inquietante y ambiguo que esconde el verdadero sentido de la historia. Maribel Verdú esta maravillosa como una mujer de barrio harta de la simplicidad de su marido que va  experimentando una evolución en cuanto a su relación con el y con los hombres en general a causa de la irrupción del espectro de Tito. Antonio de la Torre vuelve a hacer una interpretación memorable en un reparto donde también figuran Jose María Pou, Ramón Barea, Saturnino García (antológica escena), Julián Villagrán, Janfri Topera, Javivi y Quim Gutiérrez. Momentos hilarantes y surrealistas mezclados o combinados genialmente con otros más bien sobrecogedores- incluyendo un homenaje al episodio de George Miller del filme En los límites de la realidad  (1982)-  y no poco certeros retratos del cutrerío hispánico en todas sus vertientes (los banquetes de boda, el horror…) apuntalan una película generosa y disfrutable que señala una vez más la genialidad de ese gran cineasta que es Pablo Berger.