martes, noviembre 21, 2017

ORO



 
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No es una aproximación definitiva al mito de la búsqueda de El Dorado ni tampoco una ambiciosa visión cinematográfica sobre las conquistas de la Américas en el siglo XVI, pero Oro ha conseguido ser un filme histórico más que sugerente gracias principalmente a no quedarse sólo en la mera crónica e ir más allá mostrando una pequeña pero clara metáfora sobre la ambición humana, el idealismo y los aspectos más oscuros de la personalidad española (envidias, venganzas, prejuicios, rencillas…) Si tenemos en cuenta que en guión se encuentra el ínclito y siempre controvertido Arturo Pérez-Reverte - esta vez a partir de un texto hecho directamente para el filme-  nos podemos hacer una idea de todo lo que se toca en esta película dirigida con el oficio y buen hacer habitual de su alter ego en el arte fílmico Agustín Díaz Yanes (Alatriste): una visión intrahistórica descarnada, oscura y cruel, abundancia de personajes todos ellos con marcada personalidad y un cierto pesimismo en todo lo tocante al devenir de la historia española. La conquista y colonización de América es siempre un filón inagotable que Yanes y Perez-Reverte explotan esta vez de lúcida y  esforzada manera consiguiendo una película tan interesante como a veces irregular y con algunos claroscuros.

La conquista de la mítica (e inexistente) ciudad de El Dorado por parte de los españoles en el Nuevo Mundo ya ha sido tratada  en el cine en otras ocasiones con desiguales resultados y siempre centrándose en la figura de Lope de Aguirre (Aguirre o la Cólera de Dios (1972) de Werner Herzog; El Dorado (1988) de Carlos Saura) pero en esta ocasión la historia se centra en unos personajes ficticios, una expedición de treinta hombres y dos mujeres listos a encontrar la ciudad con edificios hechos de oros en la selva amazónica. Un reparto competente con lo más granado de la interpretación española -y de diferentes generaciones- consigue que lo que debía ser una crónica épica con sus momentos de intriga, violencia y por que no de acción se convierta también en un drama de personajes situados todos en un entorno y contexto peculiar y desconcertante. Porque, como ya se sabe, lo salvaje (físico y moral) fuerza a mostrar al ser humano lo peor de si mismo, y en ese sentido si a ello unimos la ambición desmedida e irracional por encontrar a toda costa algo tan preciado como el oro, tenemos un panorama de destrucción, crueldad, envidias y traiciones que en esta película se plasma sin ambages ni remilgos. Una lucha que al final se torna encarnizada y que trata de demostrar además que el odio y la intolerancia es algo bastante intrínseco en la esencia española. Un honrado e intrépido pero ambigúo capitán, Martín Dávila (Raúl Arévalo), un veterano sargento, Bastarrués (José Coronado) que desconfía tanto de sus superiores como de los soldados, un despiadado mercenario y cazador de esclavos capaz de cualquier cosa para  conseguir sus propósitos, el Alférez Gorriamendi (Oscar Jaenada); un viejo capitán, Don Gonzalo (José Manuel Cervino,) más preocupado por el bienestar y la virtud de su joven esposa Doña Ana (Barbara Lennie) que les acompaña en la expedición que de sus hombres; un pendenciero y materialista soldado andaluz, Barbate (Antonio Dechent); el Pater Vargas (Luis Callejo) un clérigo que sigue a rajatabla su propósito evangelizador o Ulzama (Andrés Genrtrúdix) el escribano de la expedición que aporta un oasis de instrucción y sensatez son algunos de los personajes principales en un cast que incluye también a Juan José Ballesta, Juan Diego, Anna Castillo, Juan Carlos Aduviri o Diego París. Interesante el trabajo del reparto pese a que Ballesta o Castillo no están muy creíbles como personajes de época por su dicción. Es muy curioso, pero el personaje de Juan Diego, el militar desertor Manuel Requena recuerda mucho al de Dennis Hopper en Apocalipse Now en lo que parece un oportuno homenaje a El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad y la mítica película de Coppola que en ella se basó. Puede que el (nada gratuito) exceso de violencia y sangre no sea del gusto de todos los espectadores y que el ritmo de la película decaiga en no pocas ocasiones, además de algunos recursos de guión claramente discutibles, pero Oro  no defraudará a pesar de no ser  tampoco nada del otro jueves.

miércoles, noviembre 15, 2017

LA MEJOR RECETA (DOUGH)





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Una resultona y más o menos eficaz Feel Good Movie que con estructura principalmente de  comedia y elementos dramáticos y cierto trasfondo realista y social cuenta una parábola sobre integración, evolución personal y el valor de la amistad por encima de las diferencias- en este caso generacionales y culturales- basada sobre todo en el trabajo actoral. Una coproducción británico-húngara rodada en UK que pese a sus loables intenciones se queda a medio camino de todo, incluido en el de lograr ser una comedia de calidad, a  causa de un guión demasiado previsible y rutinario.  No obstante, su positivo (aunque un tanto impostado)  mensaje no debe caer en saco roto en tanto que la realidad que describe la historia- si quitamos sus elementos más comediaticios- es algo habitual en el Reino Unido y salvando diferencias, también en otros países.

La relación entre Nat Dayan (Jonathan Pryce) el viejo propietario judío de una panadería y pastelería Kosher que no va bien del todo y Ayash (Jerome Holder) su nuevo aprendiz, un adolescente africano que lleva en UK un año y que es propenso a meterse en problemas, es el elemento central de la película. De la mutua desconfianza  inicial a la complicidad que se va fraguando hay un curioso camino en el que tiene que ver la difícil situación y la evolución personal del joven Ayash: trabajando en la pastelería como tapadera para sus trapicheos con cannanbis a instancias de su “jefe”, el delincuente Victor (Ian Hart) pronto se dará cuenta de la gran valía personal del viejo Dayan y de su difícil situación personal y económica acosado por un especulador inmobiliario que quiere hundir su soleroso establecimiento, por lo que decide ayudarle, de la misma manera que lo hizo con él. Un vertido accidental de marihuana en la masa de harina llevará a la elaboración de unos productos que por sus peculiaridades serán famosos en el barrio y al inesperado nuevo éxito de la panadería, pero lógicamente el engaño del “ingrediente secreto” no se podrá mantener por mucho tiempo y las amenazas desde el exterior siguen ahí. Con guiños muy manidos y situaciones muy vistas, a este filme lo salva su cierta honestidad y la química interpretativa con un buen plantel de reparto en el que se encuentran bastantes secundarios de toda la vida de la escena británica (Ian Hart, Phil Davies, Joanna Silverman, Andy de la Tour) pero destacando sobre todo el buen hacer del joven Jerome Holder y el siempre efectivo trabajo de Jonathan Pryce.   


lunes, noviembre 06, 2017

LA BATALLA DE LOS SEXOS (THE BATTLE OF THE SEXES)






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Parece que últimamente las historias reales y biopics deportivos son del gusto de la industria del cine y más particularmente las centradas es n el tenis- un deporte en donde las personalidades, historias y egos de los tenistas dan mucho para sí cinematográficamente hablando- como así lo atestigua este filme y el de próximo estreno Borg Vs McEnroe. Este nuevo filme de la en su día prometedora pareja de directores Jonathan Dayton y Valerie Ferris (Little Miss Sunshine) -que en 11 años apenas ha dirigido tres filmes- se centra en un curioso hecho que marcó un antes y in después en el mundo del tenis y del deporte en general como fue el mítico partido amistoso que se disputó en 1973 entre la número 1 femenina mundial, la gran Billie Jean King y el controvertido extenista metido a showman y a provocador-agitador Bobby Riggs, de 55 años, fruto de una apuesta en la que Riggs, misógino y machista, aseguró ser capaz de ganar a la mejor mujer tenista profesional debido a la según él innata superioridad biológica del hombre sobre la mujer. Emma Stone interpreta con convicción a King, un icono feminista y LGTB (fue una de las primeras deportistas en visibilizar su homosexualidad), pero su físico y ciertos tics interpretativos le restan credibilidad mientras que de Riggs se ocupa Steve Carell que también hace un buen trabajo dando vida de manera bufonesca a este playboy bocazas y con problemas de ludopatía pero con el encanto del entrañable caradura. Pese a un ritmo narrativo ágil y un afán por contar los más curiosos detalles de una historia ya de por sí sugerente remarcando toda la significación reivindicativa que supuso en términos de igualdad de sexos. The Battle of the Sexes no deja de ser una cinta previsible, más escorada a la crónica real mainstream que al espíritu independiente e iconoclasta que parecían cultivar al principio de su carrera sus directores y bastante poco sorprendente. Pese a todo, la película cumple con su propósito de ensalzar la figura de Billie Jean King y su papel como luchadora del reconocimiento de las mujeres tenistas y su derecho a cobrar los mismos salarios que los tenistas masculinos aunque no sea este el tema más central del filme.

Con una correcta ambientación de principios de los 70 y una buena recreación del ambiente tenístico de la época incluida la reproducción del partido entre King y Riggs y otros encuentros (con tenistas profesionales doblando a los actores en estas escenas), la película hace algunas aguas cuando pisa terreno melodramático y sentimental – la relación de King con la peluquera Marilyn Barnett (Andrea Riseborough, la crisis matrimonial entre Billy King y su marido Larry (Austin Stowell), las tiranteces entre el irresponsable  Riggs y su sufrida esposa (Elisabeth Shue)-  y tampoco resulta muy convincente cuando trata de ser una comedia servida por la histriónica presencia de Alan Cumming (Ted Tinling, el diseñador oficial de King y de las jugadoras del rebelde y escindido circuito femenino americano) o Sarah Silverman (Gladys Heldman, representante de jugadoras de tenis) con lo que el resultado final dista de ser consistente. No obstante, la película a grandes rasgos logra entretener al espectador y sin que este tenga que ser necesariamente aficionado al tenis, algo que es un logro. Tal vez Billie Jean King merecía algo mejor, pero este tipo de películas tampoco desmerecen.    

viernes, noviembre 03, 2017

¡LUMIÈRE! COMIENZA LA AVENTURA (LUMIÈRE !)





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¿Por que no estrenar en salas comerciales el legado conservado de los pioneros e inventores prácticos del cine, los hermanos Auguste (1862-1954) y Lois Lumière (1864-1948)? Las cinematecas no suelen ser accesibles al gran público y el medio televisivo lógicamente no hace justicia al formato original de las filmaciones; en cambio una sala de cine es el mejor homenaje que se puede hacer a las películas de estos primigenios cineastas que en 1895 patentaron su cinematógrafo, aquel artilugio que mejoraba el kinetoscopio de Edison, el primer intento por filmar y reproducir fotografías en movimiento. 108 filmaciones de 50 segundos realizadas entre 1895 y 1905 minuciosamente restauradas y conservando su curioso formato original del primer celuloide con los bordes redondeados se ofrecen en este documental que obviamente es toda una joya para losa amantes del cine y de sus curiosidades.

Thierry Frémax, que también ejerce de narrador, es el responsable de esta película que ofrece los cortometrajes en varios bloques temáticos (paisajes, escenas con niños, países del mundo, filmaciones humorísticas, etc) y en el que asistimos a los primeros intentos de creación del lenguaje y la imagen cinematográficas, heredando conceptos de la fotografía (campo en el que se habían iniciado los Lumiére) como el encuadre, los planos, pero innovando en el aspecto visual por el hecho de que ahora las imágenes estaban en movimiento. En este filme encontramos no solo pedazos de la historia del cine sino de la humanidad, ya que contemplar la primera filmación de la historia Salida de los obreros de la fábrica Lumiére en Lyon y otras películitas que los hermanos exhibieron en las primeras salas cinematográficas del mundo ante el asombro de los incrédulos espectadores de principios del siglo XX como La llegada del tren a la estación, Los herreros, El desayuno del bebé o  la que se considera la primera comedia de la historia y la primera filmación de ficción El regador regado, constituye algo más que un valioso documento visual. En total, hora y media de fantástico viaje por los orígenes de todo, por un metarrelato de lo que ha supuesto el cine siempre (entretenimiento y diversión pero también testimonio, ficción pero también realidad) y todo ello presentado como un homenaje no sólo a los invetores del cine sino al espectador que durante más de 120 años ha sentido, ha vivido, ha amado, ha reído y ha llorado con el séptimo arte.       

miércoles, octubre 25, 2017

HANDIA





 *** y 1/2

Excelente y esforzada la reválida de Jon Garañano y Jose Maria Goenaga tras la aclamada Loreak (2014) cambiando de tercio temático pero sin abandonar el trasfondo poético de aquella película en esta ocasión tal vez con mayor justificación ya que el hecho de contar una historial real utilizando recursos simbolistas y un trabajado esteticismo visual al servicio de la sugerencia y del lirismo es algo que siempre es muy grato y enormemente efectivo si se aprovecha bien. Y esto precisamente es lo que ha conseguido este habilidoso tandem de directores con Handia, una película muy agradable de ver gracias a su pulcritud narrativa no exenta de poderío y su curiosa temática, no muy habitual en el cine hispano. El filme nos cuenta la poco conocida historia de un personaje singular como fue Joaquín Eleizegui (1818-1861), el Gigante de Altzo, un campesino vasco que a mediados del siglo XIX fue considerado como el hombre mas grande de Europa llegando a medir 2,42, fruto de una enfermedad que hacía que siguiese creciendo continuamente durante su edad adulta. Enfocada como un drama biográfico, la película muestra principalmente la lucha de un hombre por ser aceptado en una sociedad tan cambiante como la del siglo XIX y que su por entonces casi monstruosa condición (tal estatura era todo un prodigio en aquella época) le obligó casi contra su voluntad a convertirse en un fenómeno de feria que fue exhibido en diversos países de Europa en la época 1840-1855 ganando la sorpresa, la admiración y la fama de las gentes. Un muchacho que no había salido apenas de su pueblo natal guipuzcoano, Altzo y que comenzó casi a descubrir el mundo exterior bajo su condición de atracción circense- una práctica la de la exhibición de personas “extraordinarias” bastante común y popular en el XIX y principios del XX- de la mano de un sabidillo promotor de espectáculos vasco y de su hermano mayor, Martín, un hombre que encontró en las giras de exhibición con su hermano un modo no solo de enriquecerse sino de dejar atrás una vida rural en el caserío que se le hacía gris e insuficiente.
 


La relación entre los dos hermanos, de profundo cariño y respeto pero al mismo tiempo de una extraña interdependencia emocional y material no exenta de contradicciones y altibajos, es lo que mueve el devenir de esta bonita historia que como tal no tenga aparentemente mucha cosa que contar pero en realidad es un juego de emociones y sentimientos entre los personajes - los hermanos Eleizegui principalmente- que cautiva al espectador. Rodada en euskera y castellano principalmente con algunos diálogos en inglés y francés, con una excelente ambientación decimonónica que plasma diferentes ambientes sociales (el rural vasco durante y después de la I Guerra Carlista, el del Madrid isabelino, la Inglaterra victoriana “interpretada” por lugares con solera de la Gran Via bilbaína) y realzada con una puesta en escena austera pero enormemente atractiva gracias a la bella fotografía de Javier Agirre y momentos de cierta poesía visual, Handia es una película que logra simpatía sin trucos melodramáticos baratos ni lugares recurrentes en este tipo de historias, como puede ser el rechazo a los monstruos. Eneko Sagardoy (Joaquín) y Joseba Usabiaga (Martín) logran dos emotivas interpretaciones como dos casuales viajeros buscavidas cada uno con objetivos diferentes pero finalmente unidos el uno con el otro en mitad de un extraño y forzado tránsito de lo tradicional de su modo de vida a la modernidad del XIX. El personaje del gigante resulta conmovedor y con enorme encanto, con referencias bien aprovechadas del John Merrick de El Hombre Elefante pero con originales anotaciones como las que añaden “rareza” al personaje en su época al hablar una lengua extraña como era entonces el euskera (muy curioso el momento en el que Joaquín es presentado a una adolescente reina Isabel II mostrando sus conocidas aficiones eróticas). Momentos emotivos, a veces traicionados por alguna forzada situación, y una marcada simbología en muchas escenas, realzan una película que sin ser del todo redonda, resulta de muy recomendable visión.               


domingo, octubre 22, 2017

UNA MUJER FANTÁSTICA




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Nos siguen llegando muestras del cine chileno, una industria aún no muy conocida en España pero que se va abriendo camino internacionalmente gracias a una nueva generación de directores que demuestran talento y proyección más allá de los circuitos latinoamericanos. Ese es el caso de Sebastián Lelio, un realizador con sentido crítico y carga social- como ya demostró en su más que interesante Gloria (2013)- que también sabe dar a sus historias una grata dimensión humana desde su vertiente realista. Esta Una Mujer Fantástica  es una intensa fábula sobre la intolerancia, la hipocresía y la lucha por los derechos individuales, dura y descarnada en muchos momentos pero tratando de dar un poso de esperanza. La singularidad de esta historia es que su protagonista, Marina (Daniela Vega) es una mujer joven transexual- que al parecer aún no ha culminado ni legal ni biológicamente su proceso- que vive un momento de su vida realmente crítico. Daniela Vega, actriz y cantante lírica transexual (su personaje también se dedica a los mismos cometidos musicales) es un descubrimiento que no hace suya la película y aporta toda la complejidad que el personaje y la historia requerían. En definitiva, la crónica de una heroína que lucha por su propia aceptación contra viento y marea en una sociedad aún demasiado conservadora como es la chilena y a la que todo y todos parecen querer ponerle las cosas muy, muy difíciles. Al final triunfará la cordura, la autoestima y la sensatez en medio de un contexto que llega incluso a cotas de violencia.

La repentina muerte del novio de Marina, Orlando (Francisco Reyes), un empresario maduro muy enamorado de ella será el descenso a los infiernos para la joven. La familia de Orlando, recelosa por la condición transexual de la pareja de este- salvo su hermano Gabo (Luis Gnecco)- no solo no está dispuesta a que Marina toma parte en el funeral y la despedida del fallecido sino que sospecha que esta tiene relación con su muerte. Así, la joven pronto se ve envuelta en humillantes interrogatorios policiales, exámenes médicos e infundadas acusaciones de violencia doméstica. Y todo por su propia condición. La lucha que Marina empieza tiene que ver tanto con la reafirmación de su propia persona como con la proclamación de su amor por Orlando, algo que los demás están empeñados en negarle. Con diálogos certeros, momentos de tensión bien medida y una excelente puesta en escena urbana, la película sabe como seducir al espectador sin artificios ni concesiones al melodrama comercial, algo que premisas como esta podrán dar a lugar. Aunque su desarrollo puede parecer algo gélido y su factura en definitiva parece más europea que latinoamericana (es un acierto que directores sudamericanos de la última hornada dirijan su mirada cinematográfica al viejo mundo), Una Mujer Fantástica triunfa como drama social e intimista y satisface al espectador que desee ver una historia diferente pero perfectamente creíble.    

lunes, octubre 16, 2017

BLADE RUNNER 2049




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Nadie en su sano juicio se esperaba que Blade Runner (1982) de Ridley Scott contase con una secuela. Hasta hace poco eso se hubiese considerado toda una aberración cinéfila. El inventarse la continuación de una película que tal y como estaba presentada y facturada no precisaba de ninguna segunda parte y que además siendo una obra de mucho más que culto no procedía la jugada propia del cine comercial de la secuela ha sido una osadía pero al fin y al cabo una inteligente y felizmente resuelta osadía. Porque no solo su principal promotor ha sido el director de aquel inmortal de la ciencia ficción distópica, el ínclito Ridley Scott aquí ejerciendo tareas de productor, sino que se ha contado con el guionista de aquella, Hampton Fancher- en esta ocasión junto con Michael Green- , la intervención de Harrison Ford de nuevo con el inolvidable Rick Deckard, un director de la nueva hornada tan excepcional como el quebequés Denis Villeneuve (Sicario, La Llegada) y sobre todo una total voluntad de hacer las cosas no ya solo bien sino en modo excelso y un enorme sentido de la responsabilidad para seguir los pasos estilísticos, filosóficos, estéticos y en definitiva todo el complejo y fascinante espíritu de Blade Runner, una de las mejores películas de todos los tiempos y un completo must no ya solo de la ficción científica futurista sino de la cultura universal con notable influencia en el estilismo, el diseño, la arquitectura, la ingeniería, la manera de plantear un futuro pesimista, etc. etc., etc (en fin, cosas que se han dicho en cientos y cientos de artículos periodísticos). La secuela estaba claro que no iba a llegar ni por asomo al nivel de obra original, pero ha resultado una excelente cinta que puede que genere división de opiniones entre los fans de BR pero que cumple las mejores expectativas sobre todo el aspecto técnico y artístico gracias precisamente al esfuerzo de homenaje y fidelidad que hemos comentado antes y aunque el sustrato filosófico que tanto sigue fascinando incluso hasta hoy del BR original aquí no luzca tanto. Un excelente trabajo de Denis Villeneuve que con este filme ya puede lucir orgulloso galones de gran director.      

Ahora estamos en 2049, 30 años después de los acontecimientos de BR de Ridley Scott. La Tyrrell Corporation ya no existen ni tampoco los replicantes Nexus 6, pero Los Angeles sigue siendo esa megalópolis superpoblada, decadente, tóxica y contaminada  en donde los anuncios publicitarios- ahora holográficos y virtuales-  dominan el paisaje urbano. No obstante, una empresa de inteligencia artificial llamada Wallace Corporation, que se hizo con los restos de la Tyrrell, creó tiempo atrás los Nexus 8, unos replicantes de vida ilimitada diseñados para trabajar como esclavos que al igual que los Nexus 6 se han salido de su cometido. Un policía Blade Runner de nombre K (Ryan Gosling), en realidad otro replicante consciente de ello, es el encargado de retirarlos. Un asombroso descubrimiento pondrá a K en una tesitura existencial extrema similar a la que vivió Rick Deckard (Harrison Ford) años atrás y precisamente será el encontrar a un desaparecido Deckard lo que puede aclarar muchas de las inquietantes dudas que se le plantean a K (y a la humanidad) en este caso. La historia se sigue con un interés muy similar al de la primera cinta (aunque con más altibajos) y se nota bastante que está trabajada al más mínimo detalle con el fin de no traicionar al universo BR. conservando en todo momento ese homenaje a la serie negra del filme original y tratando de adaptar los avances tecnológicos actuales y posibles futuros al porvenir distópico imaginado hace 35 años -incluyendo la tecnología de comunicación y  la virtual, encarnada por el interesante personaje de Joi (la hispanocubana Ana de Armas), una mujer holográfica compañera sentimental de K - , aunque una innecesaria voluntad por explicar determinados asuntos de la trama en lugar de la sutiles sugerencias que se estilaban primer filme resulte un poco cargante e improcedente. También están de más momentos como la aparición de Rachael (Sean Young, recreada digitalmente con su imagen del filme de 1982), pero sin que la consistencia de la película se malogre.

La excelente fotografía de Roger Deakins sigue los pasos de la Jordan Cronenwerth, pero con el valor añadido de que en todo momento huye de la imitación y busca un status propio y original, que lo logra con tonos inquietantemente ocre y pardos en las escenas de una desahuciada Las Vegas y una iluminación extrañamente tenue en otros momentos, más cercana a los usos digitales del siglo XXI que a los claroscuros que homenajeaban al cine noir. También se ha conseguido una puesta al día en decorados, predominando una atmosfera eco-New Age en estancias donde la madera predomina y en (artificiales) paisajes vegetales, y el mensaje existencial sobre el ansia de vivir, la relación del ser humano con la creación artificial, y la humanidad en un futuro poco halagüeño se mantiene, quizás demasiado poco cambiante y por ello repetitivo aunque ahora se añade un tono más definitivo que al final no se resuelve. Así, con algún cabo de la trama con potencial que no consigue desarrollarse compensado con interesantes giros de guión y el impagable regreso de un entonado Ford con una perfecta réplica por parte de un esforzado Ryan Gosling, Blade Runner 2049 consigue convencer y a buen seguro entusiasmará a muchos. No decepciona en absoluto la nueva galería de personaje que además de los citados incluye a la teniente de policía Joshi (Robin Wright), el fornido replicante granjero Sapper Morton (Dave Bautista), la implantadora de sueños Ana Stelline (Carla Juri), la intrigante prostituta artificial Mariette (Mackenzie Davies), la aguerrida replicante Luv -la Roy Batty de este filme- (Sylvia Hoeks), el codicioso empresario ciego creador de vida artificial Wallace (Jared Leto) y el regreso de Gaff (Edward James Olmos) . Se echa en falta eso si la música de Vangelis, sustituido por otros dos grandes, Hans Zimmer y Benjamis Wallfisch que calcan tal vez demasiado el sonido de sintetizador de alto voltaje ochentero del griego así como sus motivos musicales (el hermoso tema Tears in rain es la única creación de Vangelis de la primer película que oímos en este filme). Pero en conclusión, ha salido bien casi todo dentro de una empresa muy ambiciosa y un clásico inmortal del séptimo arte como Blade Runner tiene una digna continuación, en tono menor como no podía ser de otra manera, pero digna y excelente al fin y al cabo. Muchas gracias a  Denis Villeneuve seguir haciendo que todos estos momentos no se pierdan, como lágrimas en la lluvia.

jueves, octubre 05, 2017

LA CORDILLERA





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El cine argentino con mayores pretensiones lleva camino de identificarse irremediablemente con Ricardo Darín. Esto no tiene por que ser necesariamente muy buena señal para la industria cinematográfica de ese país ya que así parece depender en demasía del concurso de un actor que por otro lado nunca defrauda en sus interpretaciones. Sea como fuere, este filme esta claro que aspira a ser algo más que otra película de Ricardo Darín y en ese sentido aquí se nota la mano maestra de un director que busca claramente que el cine argentino esté a la altura del mejor cine de todo el mundo: Santiago Mitre, responsable de dos de los últimos grandes aciertos de la cinematografía de su país como son El estudiante (2011) y La patota (aka Paulina) (2015), ha acertado con este curioso thriller político-psicológico lleno de enigmas y que en un momento dado parece convertirse en un filme fantástico pero sin que se llegue plenamente a tal situación.

Con un planteamiento de salida en clave de política-ficción la película se estructura principalmente como una crítica a la corrupción pública y las miserias de las políticas en Iberoamérica y la difícil relación entre todos esos países, “hermanos” en teoría pero cada uno con sus propios intereses en medio de una situación económica y política mundial en la que a ellos les toca cargar con toda la mierda en todos los sentidos  producida por el hemisferio norte y por sus propias contradicciones y deficiencias como países. Una conferencia de presidentes sudamericanos (y de México) en un apartado hotel en medio de los nevados andes chilenos es el escenario en el que vemos moverse al presidente argentino Hernán Blanco (Darín, excelente como de costumbre), dispuesto a formar parte de una alianza petrolífera hispanoamericana siempre que converja con los intereses de su país y no dé demasiada ventaja a otros estados. Pero al mismo tiempo el gobierno argentino recibe un inquietante chantaje personal por parte del ex yerno de Blanco mientras que Marina (Dolores Fonzi), la hija del presidente, llega sorpresivamente al hotel y no tarda en experimentar un desconcertante episodio de desequilibrio mental. Así, Hernán Blanco se verá envuelto en dos importantes dilemas: por un lado uno personal concerniente a su hija,  su inquietante cambio de comportamiento y las amenazas de su ex marido y por otro lado un enrevesado y maquiavélico juego de negociaciones político. Es esta como se ve una historia esquizofrénica con un enrevesado componente psicológico de carácter casi paranormal - en donde la hipnosis, muy bien tratada en este filme, juega un papel fundamental- y una intriga política más bien metafórica y gélida (como el entorno donde nos situamos), con una resolución desconcertante que tal vez encuentra su explicación en una línea de diálogo del filme (en donde se habla precisamente de la metáfora). Lo mejor de todo es que las dos historias sin llegar a fusionarse debidamente se llegan a tocar de soslayo en no pocos momentos provocando la sensación de que estamos ante un relato tan engañoso como interesante en el que solo mediante los códigos del cine fantástico podamos hallar una explicación de lo que hemos visto. Con influencias del thriller nórdico o el Kubrick más retorcido y apostando por la estilística del cine europeo, La Cordillera, es una película inusual y extraña que triunfa en su propósito de mostrar las consecuencias de la ambición política en la corrupción moral de una manera dual y descarnada por medio de un personaje muy complejo como es este presidente argentino que encarna Ricardo Darín. Un buen reparto internacional panamericano en donde interviene Daniel Jiménez Cacho como un presidente mexicano bastante sibilino además del mismísimo Cristian Slater como un emisario del gobierno USA con una mefistofélica propuesta, tan empaque a una película que generará división de opiniones pero que resulta enormemente fascinante.        

lunes, septiembre 25, 2017

DETROIT





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Siempre tiene un cierto riesgo la amalgama géneros en el cine, tal vez por ello una película que ya desde sus primeros compases de metraje se presenta como una mixtura de crónica histórica contemporánea, cine social con elemento de denuncia, relato policial y pinceladas de acción hace temer al espectador lo peor. Sin embargo, en el caso de Detroit, nuevo filme de la hábil Kathryn Bigelow se ha conseguido una soberbia película que, efectivamente, con algunos recursos propios de la violencia cine de acción- que la directora ha demostrado dominar en filmes anteriores como En tierra hostil dejando además una original impronta autoral - y pequeñas concesiones a la intriga policial narra de un modo realista, descarnado y con escasa comercialidad un oscuro hecho de la historia norteamericana de los últimos 50 años. El caso del Motel Algiers de Detroit, Michigan, que tuvo lugar en julio de 1967 y en donde unos policías blancos ejecutaron a tres jóvenes negros inocentes en una noche de malentendidos y odio racial en plena revuelta de la población negra en esta ciudad, además de ser un excelente material cinematográfico era una manera muy ilustrativa de tirar las orejas a un país en donde la discriminación racial ha sido durante muchos años- y sigue siendo ahora en no pocos casos- un quebradero de cabeza y aunque EEUU siempre haya presumido de su apertura democrática. Lo cierto es que Detroit, que da su propia (y posiblemente muy aproximada) interpretación sobre los trágicos hechos que ocurrieron en las habitaciones de aquel motel  es una película más efectiva que efectista  y que demuestra además como en un contexto espacio-temporal muy reducido se puede contar una historia tan apasionante como realistamente sobrecogedora que atrapa y angustia al espectador desde el primer momento.

Con la utilización de algunas imágenes de la época de archivo- principalmente fragmentos de informativos y escenas reales de las revueltas raciales de Detroit- la película está perfectamente ambientada en el Detroit de finales de los 60 y no renuncia al habitual estilo semidocumental de la directora que esta vez se ha esforzado no solo en trasladar magistralmente la opresiva atmósfera de la tensión del momento histórico de altercados varios sino en presentarnos el espíritu de la época  de una ciudad que fue un símbolo de esperanza, orgullo y libertad para la población negra ya que allí se gestó el célebre sello discográfico Tamla Motown, la primera compañía de cualquier sector hecha principalmente por y para negros y que en este film cumple un papel significativo y tangencial además de ser objeto indirectamente de homenaje. Con un estilo narrativo muy verista, un ritmo que trata de oal tiempo real (un recurso muy acertado en una historia como esta) y unas interpretaciones desgarradas por parte un grupo de muy competente y en su mayoría jóvenes intérpretes, Detroit consigue ser un filme tan cautivador como desasosegante que puede que incomode a los espectadores más sensibles con su violencia a veces desatada. Y es que su elemento de denuncia, en este caso de la brutalidad y corrupción policial en un caso que no quedó resuelto como es debido, trata de imponerse en todo momento y un vehículo efectivo para esto ha sido el mostrar los engranajes psicológicos del odio y de la intolerancia en los personajes de los policías blancos. Y por el otro lado un grupo de chavales afroamericanos idealistas y con ambiciones artísticas algunos de ellos que se encontraron inesperadamente con un infierno que nosotros revivimos por obra y gracia de la genialidad de su directora. Tal vez la excesiva duración del filme con un epílogo judicial tosco y tedioso sea un cierto lastre, pero lo cierto es que Detroit es una de las mejores películas de lo que llevamos de año.