domingo, abril 29, 2007

¡DESPERTA, FERRO!: LA LEYENDA DE LOS ALMOGÁVARES

Los almogávares constituyen uno de los capítulos más insólitos de la historia de España. Unos soldados mercenarios al servicio de la Corona de Aragón que en los siglos XIII y XIV luchan junto con los restos del antiguo imperio bizantino contra los turcos. Convertidos en una especie de tribu guerrera nómada, finalmente gobernarán parte de Grecia y Turquía en nombre de Aragón. Ferozmente aguerridos, con maneras de bárbaros y tenaces en la lucha hasta el final, la mayor parte de esta especie de guerreros-piratas procedían originariamente de los valles del pirineo aragonés, pero también se unieron a ellos mercenarios de las mas variadas procedencias predominando en sus últimos días los catalanes. El mítico Roger de Flor comandó sus gestas mediterráneas, haciendo de la leyenda de los almogávares una de las mas singulares, curiosas y apasionantes de la historia europea.

La infantería de los Pirineos


Principios del siglo XIII en la península ibérica. La Corona de Aragón y la Corona de Castilla luchan contra los musulmanes tratando de hacerse con las tierras que habían sido conquistadas por los árabes. Estos han conseguido llegar hasta los valles del pirineo aragonés y comienzan a impedir que los pastores de la montaña lleven allí sus rebaños. En el mes de invierno era cuando la situación era más desesperante, ya que el pastoreo era el único

modo de vida de los habitantes de las aldeas aragonesas más remotas y al no permitir los árabes el asentamiento de sus pastos, corrían peligro de morir de hambre. Nutridos grupos de pastores rudimentariamente armados con lanzas fabricadas por ellos mismos, se dedican entonces a penetrar sigilosamente en territorio moro para allanar el camino al pastoreo luchando contra los árabes que custodiaban las tierras.

Estas incursiones clandestinas, que normalmente eran acompañadas de saqueo y robo de armas y botines, cada vez fueron mas frecuentes, llegando a diezmar a las tropas árabes y a ganar bastos territorios árabes para la corona de Aragón. Estos montañeses iban sin armadura ataviados con una simple camisa de piel de animal, una túnica corta del mismo material, calzas de piel, antiparas, y albarcas. Mas tarde incorporarían a su rústico atuendo- que apenas variará en décadas- una especie de red de hierro que en ocasiones era de cuero. Su imagen era más similar a la de un guerrero prerrománico que la de un soldado medieval. Pronto abandonan el ganado y se dedican a la guerrilla y a la consecución de botines, facetas por las cuales comienzan a hacerse famosos en el reino de Aragón. Su vida a la intemperie y su habilidad para sortear todo tipo de obstáculos naturales les convertirá en unos guerreros de asombrosa resistencia.

Los montañeses pirenaicos reclutaron a un buen número de mozarabes desertores de los musulmanes que deseaban volver a suelo cristiano, los cuales trajeron métodos de lucha de infantería árabe con los que podían vencer más fácilmente a los musulmanes. También se unieron, al parecer mercenarios de las fronteras cristianas-musulmanas, árabes aventureros desertores, e hidalgos y cazadores de fortuna de las ciudades. No obstante, estas tropas no cambiaron su forma de guerrear- básica y primitiva- su indumentaria guerrera y sus tipos de armas. Serán los descendientes de árabes de estas tropas de choque -cuya fama hacia la primera mitad del XIII era ya inmensa en todo Aragón- quienes las bauticen; aunque los historiadores y lingüistas no se ponen de acuerdo si como al-mugavar (los que provocan algaradas) o al-mukhavir (portador de noticias). En todo caso, castellanizados eran los almogávares.


Saqueadores al servicio de la Corona de Aragón


Los almogávares en la época de Jaime el Conquistador (1218- 1275) eran unas milicias que pese a su rudimentaria estampa siempre salían victoriosos de sus combates con los árabes: sin casco, ni coraza, ni escudo, se valían de su espada corta (coltell), un chuzo lanzador de dardos y una azcona (lanza corta arrojadiza). Algunas crónicas hablan de otras armas que también utilizaron. Como objetos de supervivencia llevaban consigo un zurrón con provisiones y un yesquero colgando de la correa de la cintura, con el cual hacían fuego o golpeaban sus armas, produciendo chispas que atemorizaban a sus enemigos. Tanto en invierno como en verano llevaban la misma camisa y túnica de piel.

Sus expediciones musulmanas eran realizadas en escuadrones de doce hombres y solían durar uno o dos días, capitaneadas por un almugaten (del árabe al-mucaddem, el capitán). No obstante, la frecuencia de estas expediciones les había terminado de arruinar. La dureza de su vida guerrera en un entorno tan salvaje como los campos aragoneses, en donde dormían a la intemperie y pasaban largas temporadas de hambre y privación, había acabado con al eficacia de cualquier compensación obtenida mediante botín. Y ello, a pesar de que las diferentes bandas almogávares actuaban independientemente unas de otras.

Las sierras de Teruel, hacia 1230, se habían convertido en el centro neurálgico de las correrías almogávares. El rey aragonés Jaime I el Conquistador se hace eco de la fama de los almogávares y decide llevarles como mercenarios a sus campañas de Valencia y Mallorca, las cuales serían el comienzo del engrandecimiento de la Corona de Aragón. Jaime, admirado por su eficacia en el combate, los convertirá en estas batallas en su guardia personal. Ya para entonces, en las filas almogávares se encontraban mercenarios navarros, valencianos y catalanes, estos últimos unidos en las conquistas mediterráneas. Jaime puso al frente de la infantería almogávar (que siempre combatió a pie) a oficiales aragoneses y catalanes, inaugurando una estructura jerárquica militar que perdurará hasta la desaparición de estos batallones. Su ritual del golpeo del yesquero contra la espada pronto irá acompañado de un épico grito guerrero: Desperta Ferro! (despierta, hierro), al que también se unirá San Jordi! (influencia de los catalanes, cada vez mas numerosos en los almogávares desde las conquistas mediterráneas) y Aragón!

Los almogávares también actúan en las batallas de Valencia y Murcia. El rey Pedro III el Grande, Hijo de Jaime el Conquistador, quien reina entre 1275 y 1285, vuelve a sacar a los almogávares de los valles de Zaragoza y Teruel para menesteres guerreros, en este caso en la guerra de Sicilia contra los franceses, en la cual los aragoneses combatieron junto con los sicilianos. Pedro III en 1282 conquista Sicilia y Malta gracias a los almogávares y se proclama rey de al primera. Los rudos almogávares estaban ayudando decisivamente en la conversión de corona de Aragón en todo un imperio europeo. El infausto recuerdo que se llevan los franceses de la fiereza almogávar durará durante centurias.

La Gran Compañía Catalana de los Almogávares


Tras la conquista de Sicilia, las luchas de Aragón contra Francia no cesarían, debido a que los franceses aún reclamaban el Reino de Sicilia gracias a la intercesión papal. Jaime II, rey de Sicilia desde 1285 (su hermano Alfonso reinaba en Aragón) e hijo de Pedro III, otorga en 1291 el reinado de la isla a su hermano menor Federico II, el cual combate a los franceses en Sicilia con tropas catalanas, reforzadas por los almogávares. Jaime II, que por su parte se había proclamado rey de Aragón a la muerte de su hermano Alfonso, termina en 1302 con la guerra al casarse con al hija del pretendiente galo de Sicilia (Paz de Caltabellotta), dejando Nápoles (parte del reino siciliano) para la casa francesa de Anjou, con lo que la cuestión de la isla itálica había concluido. Pero los almogávares, quienes para esta última guerra se habían establecido en su totalidad en Sicilia, se encuentran ociosos sin ningún conflicto bélico en el que combatir. Como era de esperar, se dedican al pillaje y al saqueo en la isla y se convierten en pocos meses de estallar la paz en un problema para Federico II. Tenía que quitárselos del medio como fuese.

El golpe de gracia para los almogávares, por el que la historia universal les recordará, llegará entonces. El Imperio de Constantinopla, vecino mediterráneo de los itálicos, era el heredero del desaparecido Imperio Bizantino, a su vez heredero del Imperio Romano de Oriente. Sin el esplendor de la época bizantina (no digamos ya de la anterior), Constantinopla estaba amenazada seriamente por el empuje turco desde oriente. El emperador Andrónico II Paleólogo no tenía un ejército lo suficientemente poderoso para combatir a sus enemigos y necesitaba tropas mercenarias. Andrónico, sabedor “del desempleo” almogávar reclama a los mercenarios catalano-aragoneses (ya había mayoría catalana en sus filas, además de haber un buen número de sicilianos) para luchar con Constantinopla, cosa a la que, lógicamente, Federico accede mas contento que unas pascuas. Nace entonces la Societate Catallanorum (la Gran compañía Catalana de los Almogávares), que en verano de 1302 parte desde Sicilia con 32 naves y 2500 soldados, los cuales iban acompañados de sus familias, en total 7000 personas. Y al mando, un personaje para la historia: Roger de Flor.

Un templario llamado Roger de Flor


Roger de Flor, cuyo verdadero nombre era Rutger Blume (el nombre por el que ha pasado a la historia de España es una catalanización) había nacido en Brindisi, en el sur de Italia, por entonces perteneciente al Sacro Imperio Germánico. Su padre era un oficial de cetrería alemán que sirvió al emperador germánico Federico II muerto en el campo de batalla, mientras que su madre era italiana. Tras la muerte de su progenitor, la familia de Rutger se arruinó, y su madre el confió a un caballero de la Orden del Temple, orden en al que ingresaría llegando a ser “hermano sargento”, destacándose en la armada por mar como oficial de navío.

Rutger Blume participó en la última cruzada, en donde realiza sus primeras gestas militares, como la defensa de San Juan de Acre, en 1291. Sus hermanos templarios le acusan de haberse apropiado para si mismo los tesoros de San Juan de Acre durante el desalojo de la ciudad y es expulsado de la orden. Convertido entonces en soldado de fortuna, viaja a Sicilia y se pone a las órdenes del rey Federico. El rey siciliano-aragonés le puso a su llegada (1302) al frente de los almogávares, con los que participó en la defensa de Messina, en donde demostró que sabía mandar a un ejército de rudos saqueadores. Tras la Paz de Caltabellota, Blume, como buen mercenario, dejó a su suerte a los almogávares, y como ellos, se dedicó a esperar su participación en otras hostilidades. Federico temía que su alianza con Blume fuese breve, ya que en el al no haber ninguna guerra a la vista, el italo-alemán podía irse de la isla en cualquier momento, sobre todo si los templarios, por algún motivo, volvían a reclamarle. Pero la contratación de los almogávares por Constantinopla puso de nuevo al rebautizado por sus actuales huestes Roger de Flor al mando de la compañía catalana.

Roger exigió no obstante condiciones al emperador bizantino; pidió ser nombrado Mega Dux y una esposa, peticiones que le fueron otorgadas, esta últiam en al persoan de María, sobrina del emperador e hija del zar de Bulgaria. Los almogávares, que en su expedición marítima fueron aprendiendo el oficio de la marina y las tácticas guerreras navales, gracias a al experiencia en tales lides de Roger de Flor, daban un nuevo salto cualitativo y se convertían en piratas. Constantinopla les esperaba; el grito de Desperta Ferro iba a turbulenciar las tranquilas aguas del Mediterráneo.

El Mega Dux de Constantinopla


Los almogávares llegan a Bizancio. Su primera batalla tendrá lugar en el suelo de lo que hoy es Turquía contra los soldados genoveses (Génova siempre intentó ocupar Constantinopla). Les aplastan literalmente. Poco después, comienzan las batallas contra los turcos, en donde la superioridad almogávar es manifiesta, dando muerte a unas 13000 personas, incluidos niños. Los almogávares no se destacaron nunca por su compasión y si por su crueldad. No tenían costumbre de hacer prisioneros. Posteriormente, las huestes del Mega Dux toman las ciudades de Filadelfia, Magnesia y Éfeso. Los turcos se replegaron hacia Cilica y Tauro, pero en ese último lugar, en 1304,cerca de la Puertas de Hierro reciben el ataque de los almogávares, que pese a ser 40.000 soldados pierden casi a mitad de su ejercito y se dan a la retirada.

Los almogávares lucharon incluso contra invasores alanos que penetraron en Constantinopla en 1304. El emperador Andrónico no podía estar más satisfecho por los servicios prestados por su mega Dux y sus mercenarios, ya que, al menos hasta el momento, había logrado hacer cesar la amenaza turca, cosa que los bizantinos por su cuenta y riesgo no habrían podido hacer nunca. Estas campañas habían dejado a los almogávares, no obstante, en una situación precaria, y ávidos de batalla marcharon hacia Tesalia a luchar contra los francos que un siglo antes, en la Cuarta Cruzada, la conquistaron. Aunque añadieron una nueva victoria a su impresionante “palmarés” y pudieron devolver Tesalia a Constantinopla, corrían rumores en el imperio de que los almogávares se habían excedido con la población griega de estas tierras, arrasando poblados y enseñándose con civiles.


La venganza catalana o el lado oscuro de los Almogávares

Pese a que la popularidad de Roger de Flor y sus hombres estaba en entre dicho entre los bizantinos, el emperador Andrónico le nombra cesar (cargo de virrey, sub-emperador de una parte del imperio) de los territorios bizantinos de Asia Menor. Berenguer d´Entença, oficial almogávar catalán que comandó a una tropa de 1000 hombres en las batallas contra los turcos, fue nombrado nuevo Mega Dux a petición de Roger. Pero de Flor no se conformaba con lo que el emperador le había dado, deseaba- inconfesamente- ser soberano de todo lo que el había conquistado, desde Grecia hasta el interior de Turquía. Miguel IX, el hijo del emperador, sospechaba cada vez mas de las ambiciones del ex templario y no tardó en ver en el una amenaza para el propio Imperio Bizantino.

A principios de 1305, los almogávares, quienes junto con Roger de Flor han pasado un invierno pacífico en Gallipolli, planean volver a plantar cara a los turcos, quienes no obstante ya habían escarmentado de la belicosidad almogávar. En el mes de abril de aquel año, antes de que los mercenarios emprendiesen la marcha, Miguel invitó a Roger de Flor y a un centenar de jefes almogávares a una celebración en su honor en Adrianópolis, en Grecia, en la cual el militar italo-alemán es asesinado vilmente junto con su guardia por unos mercenarios alanos contratados por Miguel. El vástago del emperador confiaba

que la muerte de su líder propiciaría la rendición y desbandad de los molestos almogávares, pero nadas más lejos de la realidad. Encabritados, los almogávares - quienes repelieron bravamente un primer ataque de las tropas imperiales- se dedican a arrasar aldeas griegas en Tracia y Macedonia sembrando el caos y la desolación en una auténtica sangría al mando de d´Entença, que puso en evidencia que la violencia era la única vía de expresión de unos guerreros que se habían convertido en todo un pueblo nómada, pero un pueblo que solo creía en lo único que había vivido, en al guerra y en la muerte. Esta salvaje y vil acción es conocida como la “venganza catalana”, un acontecimiento clásico cuando se intenta ilustrar en la Historia las consecuencias de la venganza.

El Consell de Dotze y la conquista de Neopatria y Atenas


Las tropas griegas no pudieron contra los almogávares, por lo que el emperador manda a su ejército. Los almogávares asesinan a 26000 soldados bizantinos, y luego harán lo propio con 8700 mercenarios alanos. Un ejército de piratas y saqueadores asesinos había derrotado a un imperio. Los almogávares se instalan en suelo griego del Imperio Latino, ante los estupefactos y atemorizados duques y señores helenos.

Los almogávares eran ya toda una colonia de gentes mediterráneas (catalanes, sicilianos, aragoneses, oriundos árabes o de pueblos del norte de la península ibérica) que se habían asentado en Grecia con sus familias, con el catalán como lengua común y por primera vez con un simulacro de organización política; el consejo de gobierno llamado Consell de Dotze. El duque de Atenas, ciudad que por entonces era de los últimos reductos del efímero Imperio Latino (sucesor a pequeño formato del imperio romano en Grecia y parte de Turquía), decide contratarlos para luchar contra los griegos bizantinos. Tras la exitosa campaña bélica, el soberano (de origen franco) se niega a pagarles y los almogávares, como era de esperar, le derrotan en 1311 en al batalla del rio Celfis. Los almogávares aprovechan para seguir avanzando hacia el Este y llegan hasta Neopatria, antiguan propiedad del Duque de Tesalia, la cual conquistan. Los hombres de d´Entença y Bernart de Rocafort ofrecen sus conquistas de Atenas y Neopatria al rey Jaime II de Aragón, el cual las acepta y entonces ambos territorios se convierten en estados catalano-aragoneses, con los almogávares como colonos y gobernadores.


El fin de los almogávares

En 1318, los almogávares son excomulgados por el Papa por rechazar devolver sus conquistas a sus legítimos herederos. En ellos permanecerán por espacio de maá de 15 años mezclándose con población autóctona y otros colonos catalano-aragoneses, hasta el punto de que los almogávares, que tras las conquistas se habían convertido en una especie de etnia hispánica en Grecia, desaparecerán como tales hacia 1330. En 1331, un ejárcito francés armado por el papa es derrotado en un intento de reconquista de Atenas, en lo que se puede decir que es la última batalla de los almogávares, o al menos de sus descendientes. La Corona de Aragón logró mantener estos territorios hasta 1391, aunque 60 años antes los almogávares habían desaparecido.

Con una historia a menudo mitificada e idealizada, loa almogávares forman parte de esos apasionantes episodios de la Historia en donde una serie de hechos insólitos y espectaculares convergen, dando lugar no pocas veces a la leyenda. Desconocidos actores fundamentales en el devenir de la historia europea, la leyenda de los almogávares, llena de crueldad, sangre, venganza e injusticia, pero también de épica y de romanticismo, pervive y sigue fascinando con el paso de los siglos.

4 comentarios:

  1. Ferrolobo12:37 p. m.

    Estupendo artículo!!!
    Muy bueno y muy docomentado.
    Enhorabuena.

    www.almogavares.net

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  2. Una puntualizacion: El coltell no era una espada corta, más bien se parece a las hachas de carnicero, mas o menos como esta (http://www.aceros-de-hispania.com/imagen/hacha-menaje/cuchillo-carniceria.jpg) pero con la hoja mas larga i el lomo recto. A parte de eso, el resto esta muy bien y muy completo, ademas.

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  3. Anónimo12:49 p. m.

    Buen articulo, aunque parece que te has documentado con algunas fuentes catalanistas, pues hay varias imprecisiones, como lo de que se hablaba catalán en Atenas y Neopatria. Léete la compañía de almogávares y veras lo que quiero decir.
    Un saludo.
    www.laverdaddelosalmogavares.com/

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  4. Anónimo11:17 p. m.

    Soy otro anónimo.
    Hay aspectos interesantes, pero buena parte de ellos no dejan de ser parte de la leyenda.
    De todos modos, enhorabuena por el artículo.

    La historia es un tema complicadísimo, y qué decir que la figura del almogávar da para un estudio más profundo de lo aquí explicado, por parte de historiadores, por supuesto, sino se puede hacer un flaco favor a la historia.

    Al grupo de recreación de almogávares, preguntar cabe ¿de dónde deducís que el coltell es un cuchillo en forma de cuchillo de carnicero? ¿del cuadro "romántico" de José Morneno de 1888?... ;)
    El coltell aparece en repertorios nobiliares (duelos judiciales, herencias...)( a parte de otros testimonios), como cuchillo cuyo uso en combate se daría para rematar al adversario o en combate cerrado cuando la espada no servía, para apuñalar y cortar. De hecho Martí de Riquer lo cita así en "L' arnés del cavaller".
    Ahí lo dejo, pues el tema puede dar mucho de sí.
    Un saludo.

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