martes, diciembre 04, 2012

El Aparatito Lumiere LA VIDA DE PI (LIFE OF PI)



 
**** y1/2

Con unas buenas dosis de sentido del riesgo y una curiosa pero inteligente jugada al tratar de fusionar un cine de autor de corte intelectual con el cine-espectáculo para todos los públicos, el dotado cineasta taiwanés Ang Lee (Comer, Beber, Amar; Sentido y Sensibilidad; Tigre y Dragón, Brokeback Mountain) firma una sorprendente y visualmente espectacular película (especialmente recomendable en su versión 3D) que desde luego resulta una delicatessen, lastrada tal vez algo por su exceso de pretensiones y su un tanto vago tono de discurso panarreligioso. Basada en una novela del francocanadiense Yann Martel, la historia con su tono new age y poético y el hecho de estar ambientada en su mayor parte en una barca naufragada en mitad alta mar, parecía de muy difícil adaptación al cine, pero Ange Lee y el guionista David Magee han salido airosos del reto utilizando buenos recursos narrativos y dotando a la película de una naturaleza eminentemente visual pese a estar supeditada a un discurso poético-filosófico-teológico que en palabras puede resultar farragoso. Y es que Life of Pi  no escatima ni regatea nada en mostrar bellas imágenes tanto en paisajes, en animales, en la naturaleza o en sencillas escenas cotidianas gracias principalmente a una preciosa fotografía entre pictórica y tecnológica que consigue con ínfulas oníricas y de irrealidad para mostrar precisamente una historia imposible y casi irreal entre los límites de la realidad y la fantasía, algo así como la plasmación de un sueño expresado de una manera poética y con cierta parquedad descriptiva.  En ese sentido, las secuencias desarrolladas en el mar (centrales en la historia) son de una belleza enorme.

Con actores debutantes - como en el caso de su protagonista- o poco conocidos (salvo Gerard Depardieu en un pequeño papel), la película es un pequeño tratado de la búsqueda del propio yo, de la búsqueda de Dios y de la búsqueda del bien disfrazado de una pequeña epopeya-fábula semi fantástica entre el cuento de hadas y la crónica de aventuras al estilo más clásico. Pi (el joven debutante Suraj Sharma), el protagonista de la historia, es un adolescente indio cuya increíble historia vivida en los años 70 es recordada en nuestros días por un Pi adulto (Irrfan Khan) que considera que el episodio que vivió en su juventud fue fundamental para su concepción del mundo y la vida. El joven Pi, criado en la India postcolonial, perdió a su familia en un naufragó a bordo de un navío japonés cuando estos se disponían a abandonar la India para hallar una mejor vida en Canadá. Confinado en un bote salvavidas junto con varios animales que transportaba el barco procedentes del zoo de su familia, Pi tendrá que sobrevivir y aprender a convivir con un feroz tigre de Bengala en una lucha sin cuartel por la supervivencia en el entorno más surrealista que pueda concebirse. Un extraño viaje iniciático el que vive el protagonista en donde pondrá a prueba todos los conocimientos, vivencias y reflexiones de su infancia marcada por una búsqueda incesante de la esencia de la vida a través de tres religiones: el Hinduismo, el Cristianismo y el Islam.

A favor de la película esta el hecho de que apuesta por una narración sencilla y ágil que en ningún momento se hace pesada y que pese a lo “trascendental” del tema se hace incluso entretenida y en sus momentos clave apasionante, gracias al poder de sus maravillosas imágenes, unos efectos digitales de gran belleza y un montaje muy bien elaborado. La película no cae en el empacho de pretensiones cuando muestra su vertiente más poética y sabe administrar muy bien la emotividad sin caer en la sensiblería y un cierto tono místico-Nueva Era sin caer en lo panfletario o en una versión historiada de un libro de auto ayuda. Es digno de mencionar lo bien que se ha rodado el filme con varios animales salvajes- en especial el tigre Richard Parker- combinando animales reales con algún momento de criaturas digitales, así como la música del gran Mychael Danna, la espectacular fotografía de Claudio Miranda y la excelente interpretación del joven Suraj Sharma, realmente magistral. Una película diferente, emotiva y muy sugerente, que pese a que pueda generar división de opiniones es ya de lo mejorcito de este 2012 a punto de concluir.


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