lunes, septiembre 18, 2017

EL AMANTE DOBLE (L´AMANT DOUBLE)



 
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No se sabe si lo que se necesita para disfrutar de esta película y captar todo su alcance es entrega (difícilmente con un argumento tan granítico y una estética más bien gélida), perspicacia (es muy difícil presumir la historia  de la historia al menos tal y como se nos presenta el final de la misma) o sencillamente asumir desde el inicio que no conviene tomarse demasiado en serio lo que se intuye un dramón psicológico con romance por medio, algo imposible dada precisamente la citada naturaleza de la cinta. Lo cierto es que en esta ocasión un cineasta tan dotado como François Ozon se ha permitido tomar ligeramente el pelo al público o siendo más benévolos lo que ha hecho es adentrarse en el thriller con fuertes connotaciones sexuales jugando a las apariencias con un el siempre imponente desde el punto de vista narrativo final sorpresa e inesperado, consiguiendo en todo momento una película más que convincente pero que suscitará división de opiniones. El Amante Doble se justifica  tratando de ser ante todo una película que juega con la inestabilidad mental de su protagonista, la joven Chloe (Marine Vacht), una mujer de 25 años atormentada por su frigidez sexual y por inquietantes molestias físicas cuyo destino se une inesperadamente a de su psiquiatra Paul (Jeremie Renier) que termina siendo su pareja pero sin que la situación de la chica no parezca mejorar demasiado. Chloe busca equilibrio emocional, amor y sexo satisfactorio y en medio de ello surge la figura del hermano gemelo extraviado de Louis (Renier de nuevo) un joven también psiquiatra que es la antitesis de su hermano con quien no tiene trato: altivo, narcisista. Déspota y salvajemente sexual frente a la prudencia y el saber estar de su gemelo. Chloe decida iniciar una relación con Louis a espaldas de su novio y a partir de allí surge un complicado y algo extravagante juego narrativo -por lo poco que está explicado y por su escasamente lógico discurrir- que parece desembocar en lo delirante detalles desconcertantes y aparentemente absurdos y descontextualizados incluidos.

Ozon se ha querido apuntar al thriller dramático erótico -son bastantes las escenas de sexo y es que ese elemento cumple un papel central en la historia-  con un regusto claramente anglosajón pero sin renunciar a lo más genuino del cine de intriga europeo y con ciertos elementos aparentemente patrimonio del cine fantástico como el gore. Suenan las referencias de Paul Verhoeven, Brian de Palma y sobre todo del David Cronemberg de obras como Inseparables donde el mundo gemelar estaba ligado a la sexualidad más inquietante. Y es que aquí hay primeros planos médicos de vaginas, relaciones sexuales peculiares y alguna escena onírica al respecto de turbadora carga fantapsicológica. La historia esta vista con los ojos de su protagonista pero realmente no llegamos a saber si esa visión es del todo la real, dadas las características del personaje y el mundo en donde se ha metido. No obstante el elemento psicológico e incluso el thriller no logran tener toda la consistencia que debería tener por que el guión se empeña en irse por lo efectista y las imágenes aparentemente impactantes  haciendo que los momentos finales del filme encajen muy mal con el ya de por si lioso batiburrillo de lo que habíamos visto antes. Personajes como el que encarna la veterana Jacqueline Bisset se antojan claves pero no dejan de plantear preguntas que después de ver el filme no parecen hallar respuesta fácil. No se si esta película precisara de otro visionado para ser comprendida en su plenitud pero tal y como se percibe en su primer contacto es un filme tan interesante y logrado como absurdamente sinuoso.      


miércoles, septiembre 13, 2017

IT




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Tal vez uno de los escritores más llevados a la pantalla, la obra de Stephen King, el bestsellerista del género terrorífico por excelencia, ha dado lugar en su mayor parte a mediocres filmes de horror aunque también es cierto que hay alguna obra maestra entre ellas, como lo es El Resplandor (1980) de Stanley Kubrick o excelentes cintas que son también todo un clásico del terror como Carrie (1976) de Brian de Palma, ambas películas plasmaciones en imágenes de también sus dos mejores  novelas, junto con la que nos ocupa ahora, It, publicada en 1986. La que es para muchos la novela más terrorífica de King tiene por fin una adaptación cinematográfica tras una miniserie de TV de 1990 y pese a que se sitúa bastante por debajo que Carrie y ya no digamos que de El Resplandor, lo cierto es que se puede decir que esta es la tercera mejor película basada en un escrito de Stephen King pese a ciertas deficiencias e irregularidades. King tal vez sea un escritor comercial, sobrevalorado y mediocre que no hace más que utilizar todos los manidos tópicos tangibles del terror utilizados desde tiempo inmemorial, pero no hay duda de que durante más de 40 años ha sabido atraer al público creando sugerentes relatos jugando con el efectismo, la cultura americana y el espíritu de la serie b en literatura, cine, cómic o cualquier otro medio logrando ser un muy leído y seguido autor que ha cedido al séptimo arte algún momento magistral como este o los comentados o incluso alguna medianía de culto como las adaptaciones de Los Chicos del Maiz, Cujo o La Zona Muerta sin olvidar alguna pequeña gema fuera del género como Cuenta conmigo (1986), por lo que su figura no debería caer en saco roto. It, primera de las dos partes que se tienen intención hacer de la larga novela homónima, no supone ninguna novedad temática ni estilística de calado como película de terror pero consigue con creces su fin de mostrar un terror primigenio e inconsciente, tal vez demasiado explícito y truculento – marca del autor-  para ser calificado de psicológico pero que consigue con efectividad perturbar al espectador y a buen seguro “traumatizará” a los más sensibles porque no hay nada más pesadillesco e inquietante que los terrores infantiles ,algo que con tino retrata esta película. Se nota que hay detrás de ella un director muy hábil y de gran proyección como es el argentino Andy Muschietti, que debuta exitosamente en Hollywood en su segundo largo tras Mamá (2013), una coproducción hispanocanadiense que llamó la atención de la crítica  

Pese a que la película se toma licencias con el texto original y omite pasajes que podían resultar problemáticos (sexo entre preadolescentes), se nota un claro intento de ser fiel al espíritu original del texto y de plasmar con minuciosidad todos los intríngulis de la relación entre los chavales protagonistas, críos entre 13 y 14 años unidos por ser blanco de burlas, bulling y ninguneos varios y por ser testigos de las apariciones de eso, un ser de origen no aclarado que surge cada 26 años de las cañerías subterráneas de Derry, el pueblo de los chicos, y que adapta las formas de los terrores cotidianos de sus víctimas -siempre niños y adolescentes-  para atacarlas y supuestamente devorarlas. La primera desaparición de Georgie, el hermano pequeño de Hill, que avista en una alcantarilla a un terrorífico clown que se hace llamar Pennywise el payaso bailarín  (Bill Skarsgard) es el pistoletazo de salida a una historia que se sigue con mucho interés y que tiene reservados sus sustos de rigor y sus momentos e imágenes impactantes (que al menos se salen del tópico en este tipo de cine) pero que no logra de tener la “puntuación” necesaria para ser una gran película.  El septeto de críos que encarna a “los Perdedores” resulta encantador en la mayor parte del metraje (especialmente es reseñable el trabajo de la única chica, Sophia Lillis), pero tanto personaje hace que el espectador no llegue a empatizar con ninguno de ellos. Lo más recordado será el personaje de Pennywise, al que Bill Skarsgard sabe sacar partido con sus horripilantes intervenciones y su caracterización, aunque en realidad a veces no suponga más que un deja vu de personajes similares como Freddy Kruger. Pero pese a sus fallos, el filme no es de modo alguno es una  cinta mediocre: una atmósfera de horror basado en el subconsciente y la pesadilla (especialmente memorables son las reapariciones del pequeño Georgie) y una buena combinación del suspense con el cine de grupos de adolescentes más costumbrista con el plus nostálgico de que la historia está ambientada a finales de los años 80, hacen de It un producto tan efectista como efectivo. El tiempo dirá si se convierte en un filme de culto o no.

viernes, septiembre 08, 2017

VERÓNICA




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El cine español se va sacudiendo prejuicios gracias a directores tanto hábiles, dotados e inteligentes como arriesgados. Y es que el cine patrio además de ser capaz de ofrecer en algunas ocasiones productos de gran calidad también ha superado el complejo de inferioridad pertinaz que tenía ante el cine de género, algo que no es en absoluto nuevo pero con la consecución de filmes como este, que puede ser calificado sin exagerar como la mejor película española de terror de la historia al menos hasta el momento, se puede confirmar que en materia de horror, thriller, fantasía, etc. el cine español puede competir internacionalmente. Paco Plaza, que en los 2000 formó un interesante tandem como realizador junto con Jaume Balagueró aunque con títulos desiguales en los géneros fantástico y terrorífico principalmente por la precariedad de medios, se consagra como un gran director con una película de terror psicológico y paranormal en estado puro con un muy logrado sustrato de crónica de maduración adolescente femenina y de retrato sociológico de una época, como era el principio de lo 90 en España, un periodo en el que el país trataba de abrazar por fin la modernidad como país (JJOO de Barcelona de 1992) pero que aún tenía lastres importantes. Todos esos propósitos se han cumplido perfectamente y Plaza puede estar más que satisfecho con una película que además logra lo que aspira todo buen relato de terror: crear el miedo en el espectador durante casi todo el transcurso del mismo utilizando recursos imprevisibles y trabajados huyendo de cualquier tentación por el miedo visual o el susto fácil.

Uno de los principales atractivos de esta película es el hecho de estar basada en uno de los escasos casos paranormales registrados por la policía en España y uno de los más estudiados por expertos en ocultismo en la península: el llamado caso Vallecas, acaecido en el barrio madrileño a principios de los 90 y del que hay aún múltiples e inquietantes interrogantes. No obstante esta es una adaptación muy libre en donde  además de cambiar ligeramente los años y la temporalidad de los sucesos  (la acción de la película se desarrolla durante tres días de 1991), se cambian nombres y circunstancias de los personajes y también situaciones  hasta el punto de que prácticamente esta es una historia original. Y es precisamente en su afán de contar una historia más o menos creada  -aunque basada en crónicas reales- en donde la película triunfa narrativamente en el siempre difícil género del relato de terror, con la consecución de una atmósfera que combina magistralmente lo cotidiano y costumbrista (con una estupenda recreación de el barrio de Vallecas en los 90 con ese sempiterno trasfondo obrero y popular) con el terror psicológico en su vertiente más metafísica, intangible y de pesadilla, siempre visto desde los ojos de su protagonista, la adolescente de 15 años Verónica. La debutante Sandra Escacena se adueña de la película y consigue trasmitir al espectador esa explosiva mezcla de fragilidad, duda, atrevimiento, curiosidad y aspiración a la madurez que es su personaje, una jovencita que con una madre ausente casi todo el tiempo y con un padre fallecido tiene la responsabilidad de cuidar a sus tres hermanos pequeños. Una situación en la  adolescencia muy difícil que será en telón de fondo en el cual Verónica entre en una terrorífica situación provocada por pavorosos fenómenos sobrenaturales.

Mediante una tabla de ouija, Vero y dos amigas de su colegio de monjas tratan de contactar con las almas de personas allegadas fallecidas, entre ellas el padre de la protagonista, pero la coincidencia de la sesión con un eclipse solar parece haber abierto la puerta a algo inesperado. Durante los días  siguientes, Verónica y sus hermanos serán testigos de diversos acontecimientos que se van tornando cada vez más malignos e inquietantes. A partir de ese momento entran en juego diversos recursos del terror psicológico como la omisión de imágenes o de secuencias, la sugestión, la incursión de imágenes en momento determinado, la confusión entre realidad e imaginación y sueños y así hasta una lista interminable de ítems que  el director y guionista sabe manejar con maestría y con recursos tan originales como la utilización de la cultura pop noventera (buscando un inesperado lado tenebroso a lo más banal en algún momento dado) o algún homenaje-trampantojo, como el que se hace a el filme Quien puede matar a un niño de Chicho Ibáñez Serrador, un clásico del terror español. Se perciben influencias de Clive Barker, Poltergeist, El Exorcista, el cómic Sandman de Neil Gaiman o La Semilla del Diablo. La película aterroriza, espanta e inquieta en momentos concretos, saca juego a un paralelismo terrorífico con la menstruación, y consigue perturbar cuando juega con la inocencia de los niños pequeños. Su crescendo terrorífico- instantes finales soberbios- está realmente conseguido  y el reparto central está soberbio: a parte de la estupenda actuación de Escacena, Ana Torrent está perfectamente creíble como la madre despreocupada pero sufrida y los niños Bruna González, Claudia Placer e Iván Chavero se comen la película en difíciles escenas. Como únicos pero a Verónica se puede decir que el guión peca a veces de demasiado previsible. Por lo demás, una película que definitivamente encumbra al género terrorífico del cine español, vertiente que esperemos que siga dando buenos momentos ya que con un director como Paco Plaza se pueden esperar muchas maravillas.     

martes, septiembre 05, 2017

EN LUGAR DEL SR. STEIN (UN PROFIL POUR DEUX)






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Los simulacros, montajes y malentendidos siempre han resultado materia prima de primer orden en la comedia cinematográfica, y después de muchas películas mejores y peores siguiendo ese esquema parece que ya poco puede sorprendernos. Pero la realidad nos demuestra que la fórmula sigue funcionando para hacer estupendas películas cuando hay detrás una historia sólida, original y divertida y unas interpretaciones notables. Francia, un país que siempre ha mimado la comedia, es desde donde llega esta entretenida propuesta dirigida por Stéphane Robelin, un director que aún ha dirigido pocos filmes pero al que habrá que seguir la pista, y protagonizada por una leyenda de la comedia gala como es Pierre Richard (El Gran Rubio con un Zapato Negro, La Cabra, Dos Fugitivos) que sigue conservando su vis cómica (aunque en un registro menos histriónico con respecto al que le hizo famoso) y su gran hacer interpretativo todoterreno. Internet y las redes sociales es el trasfondo en el cual se mueve esta película que supone una cierta reivindicación de la madurez y la experiencia en el terreno del amor y de las relaciones y de la posibilidad de que la población madura pueda utilizar las tecnologías de la comunicación con el mismo uso cotidiano que hace las gente más joven pero aportando no ya sólo la calidez de su cultura analógica- de la que la informática carece- sino el plus de una educación sentimental donde las relaciones frente a frente y el contacto físico eran algo esencial e indispensable.   

Tomando como punto de partida e inspiración un mito tan francés como el Cyrano de Bergerac y por lo tanto cierto regusto romántico-dramático, la película nos cuenta como Pierre Stein, un octogenario parisino viudo desde no hace mucho y que apenas ya sale, consigue recuperar sus ansias de vivir gracias al hecho de que ha conocido mediante un Chat de citas de Internet a Flora (Fanny Valette) una joven belga de 31 años que cree que está hablando con un treintañero. Y es que Pierre ha utilizado la foto de su joven y sufrido profesor particular de Internet- un mundo que al principio Pierre desconoce- Alex (Yannis Lespert) un muchacho con ambición de ser guionista televisivo que ha accedido al empleo por mediación de la familia de su novia, la nieta de Pierre (aunque este ignora tal circunstancia). Alex tendrá que citarse con Flora simulando ser la persona que chatea con ella, algo que no le será fácil dadas sus enrevesadas circunstancias. Los mensajes de eliminación de barreras (tecnológicas o no) intergeneracionales y sobre todo de que todo propósito merece la pena intentarlo, es con lo que se queda el espectador, además de con una sonrisa propia de haber visto una película agradable y generosa.

miércoles, agosto 30, 2017

VALERIAN Y LA CIUDAD DE LOS MIL PLANETAS (VALERIAN ET LE CITÉ DES MILLES PLANÈTES)




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Ha resultado un tanto decepcionante esta adaptación del cómic francés Valerian et Laureline, personajes creados en 1967 por Pierre Christin y Jean-Claude Mezières protagonistas de imaginativos álbumes de ciencia ficción espacial que resultaron enormemente influyentes la historieta fantástica de los 70 (dicen que hasta el mismo George Lucas tomó nota de algunas ideas para su saga Star Wars). Luc Besson, director galo especializado en el cine de género con especial predilección por la ci-fi, vuelve a adaptar un cómic de su país (un filón de obras maestras de la viñeta)  tras Adèle y el misterio de la momia (2010), pero la cosa no ha salido excesivamente bien a causa de un ritmo narrativo irregular y dubitativo y al fin de cuentas inadecuado para una superproducción de ciencia ficción como esta, la película francesa más cara hasta el momento. Brillan los efectos especiales y sobre todo una fotografía e imágenes sugerentes y a veces muy bellas especialmente en los compases iniciales del filme gracias al buen hacer la recreación digital: se nos presentan planetas de auténtico ensueño, como el paradisíaco Mül y sus idealizados habitantes humanoides o estaciones espaciales-ciudad tan complejas como la base Alpha, con un espectacular megatravelling incluido en un momento del metraje. Esas audacias técnicas - realizadas lógicamente para lucir en la versión 3D- se quedan en nada cuando la película no sabe estar a la altura de sus sugerente e interesante argumento y empieza a hacerse farragosa a mitad del filme, pese a algún momento álgido puntual especialmente en los momentos finales del metraje. Luc Besson, que había sorprendido con su filme anterior Lucy (2014) ha optado como otras veces por hacer un producto comercial con la vista puesta en el mercado estadounidense (huelga decir que la mayor parte del reparto es anglosajón) aunque y como era de esperar con alguna seña de identidad europea de los modismos de la bande desineé francesa en el campo de la ficción científica. En definitiva, todo insuficiente y eso que se nota que visualmente el prolífico cineasta transpirenaico ha intentado transmitir su amor por el cómic original con un importante esfuerzo cinematográfico.

Inspirada en el álbum El Imperio de los Mil Planetas (1970), la historia nos cuenta como los jóvenes pero hábiles oficiales de policía intergaláctica el comandante Valerian (Dane DeHaan) y la sargento Laureline (Cara Delevigne)  se ven envueltos en una aventura instada a partir de un sueño de Valerian, según el cual él cree que debe hacerse con una pequeña criatura de un desconocido planeta paraíso capaz de reproducir unas perlas originales de ese planeta que según parece poseen una increíble energía. Pero unos extraños acontecimientos en la base Alpha, una gigantesca nave donde viven millones de seres de diferentes planetas, harán que las misteriosas perlas y todo lo que en realidad suponen pronto tomen inusitado protagonismo. A favor de la película se puede decir que prescinde prácticamente de la  violencia que últimamente se asocia a este tipo de cine y que su puesta en escena, como hemos dicho, resulta deslumbrante e hipnótica pero a los actores se les nota perdidos incluidos a los voluntariosos Dane Dehaan y Cara Delevigne que consiguen cierto carisma y química entre ellos que pese a todo se encuentra en las antípodas del cómic original. Por el contrario, Clive Owen, Sam Spruell, Ethan Hawke, Chris Wu o la cantante Rihanna no parecen estar excesivamente cómodos. Una oportunidad  perdida para reivindicar el cómic europeo de género como material de primer orden para el cine de entretenimiento.  




lunes, agosto 28, 2017

ABRACADABRA



 
*** y 1/2
        
Se esperaba con ansiedad el regreso de Pablo Berger con un nuevo filme después de la excepcional Blancanieves (2012), una película que dejó el listón demasiado alto y que tal vez ejerza una cierta presión sobre el cineasta en cuanto se le exigirá casi siempre películas magistrales. Pero lo cierto es que esta Abracadabra, sin ser ni mucho menos una obra maestra resulta una cinta curiosa, inteligente y con un punto de genialidad – aportado sin duda  por un director que está demostrando ser un fuera de serie como es el que nos ocupa- con su mezcla de géneros: comedia costumbrista, drama, fantasía, thriller e incluso terror se dan cita en una historia eminentemente ibérica que bebe de Berlanga y de Azcona y que no duda en recurrir al cine de género y a los clichés del cine comercial norteamericano- convenientemente satirizados además de adaptados al entorno socio-geográfico patrio- para ofrecer un hilarante esperpento que divierte inteligentemente y que puede gustar y entusiasmar a públicos variopintos      

El director bilbaino ha sabido rodearse de un reparto competente que dota de total credibilidad a unos personajes perfectamente identificables en su cotidianeidad con personas reales de la España actual en una historia que pese a su premisa sobrenatural y fantástica es una clara crítica-mofa de tinte realista y costumbrista a un país en donde los cafres, garrulos, machistas, horteras y despreocupados por todo por desgracia abundan. Así mismo, se lanza un velado mensaje de empoderamiento femenino en donde Carmen, el personaje de Maribel Verdú Carmen, una ama de casa cuarentañera con pocas perspectivas tiene la oportunidad de dar un vuelco a su vida, condicionada por su déspota y básico marido Carlos (Antonio de la Torre) y lo tratará de aprovechar por medio de una increíble situación. Carlos, en el banquete de la boda de un sobrino de Carmen, es hipnotizado por el primo de esta, Pepe (José Mota), un torpe aprendiz de hipnotizador: lo que aparentemente parecía no tener consecuencias dada la ineptitud de Pepe parece que ha abierto la puerta a la posesión de Carlos por parte del espíritu de un joven fallecido en 1983 en desagradable episodio. Carlos, con un sospechoso cambio de comportamiento y personalidad es durante determinados momentos una persona comprensiva, cariñosa, culta y atenta con Carmen y con su hija adolescente Toñi (Priscilla Delgado). Carmen y Pepe intentarán saber la historia real de Tito, el hombre que posee intermitentemente a Carlos, pero mientras tanto los sentimientos de Carmen acerca de la sobrenatural circunstancia empiezan a ser contradictorios. La película no trata de tomarse demasiado en serio a si misma y tampoco espera que el espectador lo haga pese a que sus mensajes son más bien serios en medio de un guiñol de comedia-drama fantástica.

Con influencias bien dispares de Woody Allen, los cómics de Bruguera, Stephen King, David Lynch o el cine slasher además de los ya mencionados elementos berlanguianos, Abracadabra, resulta un filme muy poliédrico y más complejo de lo que aparenta su engañosa simplicidad, incluyendo un final inquietante y ambiguo que esconde el verdadero sentido de la historia. Maribel Verdú esta maravillosa como una mujer de barrio harta de la simplicidad de su marido que va  experimentando una evolución en cuanto a su relación con el y con los hombres en general a causa de la irrupción del espectro de Tito. Antonio de la Torre vuelve a hacer una interpretación memorable en un reparto donde también figuran Jose María Pou, Ramón Barea, Saturnino García (antológica escena), Julián Villagrán, Janfri Topera, Javivi y Quim Gutiérrez. Momentos hilarantes y surrealistas mezclados o combinados genialmente con otros más bien sobrecogedores- incluyendo un homenaje al episodio de George Miller del filme En los límites de la realidad  (1982)-  y no poco certeros retratos del cutrerío hispánico en todas sus vertientes (los banquetes de boda, el horror…) apuntalan una película generosa y disfrutable que señala una vez más la genialidad de ese gran cineasta que es Pablo Berger.  

miércoles, agosto 09, 2017

DUNKERQUE (DUNKIRK)




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Christopher Nolan ha debutado con buen pie en el cine bélico-histórico con una historia ya llevada al cine en otras ocasiones  como es la batalla de Dunkerque, un insólito episodio de la II Guerra Mundial en el cual los ejércitos aliados fueron evacuados a mediados de 1940 en la playa de Dunkerque (Francia) ante el asedio y avance de las tropas alemanas. Aunque en esta ocasión Nolan no ha realizado una gran película sino más bien una obra correcta y sobre toda rodada con profesionalidad y oficio de excelente director, al menos ha logrado avanzar unos metros de la previsibilidad del cine bélico y ha conseguido un filme que no se deja contagiar con los convencionalismos del género ni por la comercialidad que va unida a las superproducciones históricas, un drama de personajes y situaciones que se presentan de forma realista y nada glamourosa consiguiendo una épica verista que resulta de agradecer en lugar de una posible pompa heróica mil veces vista. Con un reparto eficaz y una excelente puesta en escena que trata de reproducir fielmente el transcurso del acontecimiento bélico, tal vez la aridez de su guión y lo poco definidas que están las situaciones lastran el resultado final de lo que podría haber sido una gran película. No faltan sin embargo buenos momentos ni destellos de cine con mayúsculas en un conjunto esforzado pero desigual.

Un reparto coral e internacional consigue aportar lo que siempre se agradece en este tipo de cine: hondura humana, expresada a través de los miedos de los soldados que desean huir del frente, los temores y la mescal de ansiedad y esperanza de los civiles que con sus embarcaciones en la costa se ofrecen a ayudar a los militares, la decisión y también las dudas de de los combatientes en el frente de la batalla…un interesante catálogo de emociones en una situación límite que constituyen lo mejor de la película. Mark Rylance, Tom Hardy, Fion Whitehead, Aneurin Barnard, James D´Arcy, Harry Styles, Cillian Murphy o Kenneth Brannagh están más que correctos en sus respectivos papeles con el mensaje de que siempre los civiles serán las primeras víctimas en una guerra. El gran Hans Zimmer firma una Banda Sonora que es de lo más curioso y original que ha hecho en los últimos años. Una película para los que piensan que el cine de guerras puede ser algo más. 
 
 

domingo, julio 23, 2017

LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (WAR FOR THE PLANET OF THE APES)




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Prosigue la saga reboot de la franquicia El Planeta de Simios, que se inició en 2011 y quede momento se ha limitado a cumplir el expediente con tres películas que cuentan el ascenso de los simios y la caída de los humanos casi como una suerte de precuelas de  los míticos filmes de los 60 y 70 aunque como buen reboot alejándose en cierto grado de las premisas iniciales de aquella primera serie. Salvo la segunda y anterior entrega El Amanecer del Planeta de los Simios algo mejor que los otros dos filmes, estos nuevos simios están resultando tediosos, repetitivos y con justo o escaso atractivo. Todo lo que se había avanzado en la anterior película se diluye en esta con un guión flojo, vago y sin relieve y sin aquellas reflexiones antropológicas que aunque de manera más bien simple daban cierto lustre intelectual a la historia. Esta tercera entrega es un mal pastiche de cine bélico con una acción predecible y calcada de instantes anteriores de las otras dos películas pero sería injusto no reconocer buenos momentos sobre todo en las escenas donde el chimpancé Cesar (Andy Serkis mediante  motion capture), el líder de los emancipados simios, tiene protagonismo. No obstante, la reflexión del enfrentamiento simio-humano parece que ya se explotó en la anterior entrega y aquí sencillamente nos encontramos con un fallido drama de simiesco héroe trágico shakespeariano con bastantes clichés y con abundancia de escenas bélicas que nos recuerdan una vez más que en realidad estamos ante un mero filme comercial de acción.

No se puede reprochar nada a la dirección artística ni a los espectaculares efectos digitales que nos vuelve a traer una impresionante horda de chimpancés, gorilas y orangutanes que trata de defenderse y de prepararse para reinar el planeta tierra con los humanos extinguiéndose pero dispuestos a acabar con los simios, así como ciertos momentos de la película resultan logrados gracias a la utilización de una épica dramática un tanto de manual pero al fin y al cabo efectiva. Pero uno de los elementos más fallidos del filme- tal vez el que más- es la poca relevancia que se da a la historia de los humanos en el momento de la película, con un personaje el del Coronel (Woody Harrelson) que no aporta nada en realidad más que tics de villano barato y un antagonismo de tebeo con Cesar. Por no hablar del personaje de la niña humana (Amiah Miller) que se supone que tiene todas las papeletas para ser un personaje fundamental de la saga (si es que se continua) por su correspondencia con otro de la serie antigua, pero además de ser una desconcertante contradicción en su planteamiento, parece que casa muy mal con la temporalidad en la que se supone que está transcurriendo la saga, algo que se puede ver en la aparición de otros personajes que entroncan aparentemente con los míticos simios setenteros. Una pena que uan saga tan mítica de la ciencia ficción cinematográfica esté dando tan poco de si en su nueva encarnación, pero si algo hemos aprendido es que los remakes y reboots la mayor parte de las veces son inútiles. Y se empeñan en seguir haciéndolos, oye.

martes, julio 18, 2017

MAUDIE, EL COLOR DE LA VIDA (MAUDIE)



 
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Un curioso Biopic que no será excesivamente recordado ni hará una gran taquilla pero que no debería caer en saco roto ya que merece y con creces la atención del público. La no muy conocida figura de la pintora canadiense Maud Lewis (1903-1970), una mujer cuya obra pictórica naif, colorista y de inspiración popular obtuvo cierta fama en los 50 y 60 en El norte de EEUU y en Nueva Escocia (Canadá), contenía bastante valor cinematográfico por tratarse de una típica historia de superación personal tanto en el aspecto físico (Lewis pasó su vida gravemente enferma de una severa artritis reumatoide que la convirtió en prácticamente una discapacitada), como en el social (un entorno pobre y rural el de Nueva Escocia en donde la pesca era el principal modo de subsistencia) como en el personal (un matrimonio casi de conveniencia con un hombre simple y rudo que pese al rechazo inicial terminó sucumbiendo ante el encanto de Maud). Rodada en los bellos parajes costeros del sur de Canadá que se adueñan literalmente la película con un tempo narrativo muy sutil y matizado puesto al servicio de un realismo que consigue hacer creíble cada minuto del relato (independientemente a la fidelidad o no de la historia original), el filme no sería el mismo sin la participación de esa versátil actriz que es la británica Sally Hawkins, quien realiza un estupendo trabajo dando vida y emotividad a una mujer que nació para ser desgraciada pero que encontró la felicidad inesperadamente haciendo lo que más le gustaba y que además le permitió vivir de ello.

Con una puesta en escena austera pero reforzada por la excelente fotografía de Guy Godfree, Maudie es un canto a la vida que no cae ni en la pompa, ni el efectismo ni en la sensiblería y se limita con tino a ofrecer una obra realista que no se anda con remilgos en mostrar aspectos desagradables como las penurias de una grave enfermedad, el desprecio a las personas o incluso la violencia de género. Pese a todo, su ritmo un tanto mortecino y la excesiva supeditación de la historia prácticamente solo a dos personajes hacen que al película se pierda demasiadas veces en si misma cayendo en una reiteración que termina lastrando el conseguir mayores logros cinematográficos. No obstante, la química de Hawkins con Ethan Hawke, que interpreta excelentemente a Everett el tosco marido de Maud, esta muy bien conseguida y cumple muy bien su objetivo, que es el de mostrar como va evolucionando positivamente una relación que al principio se veía imposible. Puede que no esté mucho tiempo en cartelera, por lo que conviene verla cuanto antes a todos aquellos que deseen ver una historia bonita y diferente sin tampoco excesivas pretensiones.                   

miércoles, julio 12, 2017

VERANO 1993 (ESTIU 1993)





**** y 1/2        

Gran sorpresa el debut en el largo de la joven realizadora catalana Carla Simón, una película autobiográfica sobre un episodio de la vida de la directora que le marcó profundamente y que ha tenido la gentileza de compartirlo con nosotros en forma de un encantador y más que sugerente relato de maduración y de descripción-muestrario de sentimientos con la infancia como foco central. No se puede decir que haya una historia definida en esta película ya que lo que trata de trasmitir es la situación, las vivencias, las sensaciones y los sentimientos de su pequeña protagonista, Frida (Laia Artigas), trasunto de la propia directora: una niña de 7 años que acaba de perder a su madre, víctima de, además de haber fallecido su padre unos años antes, y que ahora pasa a la tutela-adopción de su tío Esteve (David Verdaguer), hermano de su madre fallecida, y de su tía Marga (Bruna Cusí), padres de Anna (Paula Robles), de cinco años. Es el verano del año de 1993 y Carla pasa los primeros momentos de su nueva vida en la masía de un pueblo de Girona donde residen sus tíos. La niña no parece haber asumido aún el duelo por la pérdida de su madre, acaecida solo unos días antes, y trata de adaptarse a sus nuevos padres ya su nueva hermana mientras explora un entorno, el rural y campestre, que para ella resulta desconocido y fascinante y en donde el recuerdo de su madre, vivido de una forma inocente y peculiar pero sin lágrimas, está siempre presente. La difícil adaptación de Carla y los problemas que crea a sus tíos y a su primita, con la que establece desde el primer momento una curiosa relación mezcla de complicidad fraternal y dominación egoísta al más puro estilo infantil, es lo que mueve la película en su mínima línea verdaderamente argumental ya que lo que aquí importa en realidad es el sentir de Carla y su mirada ante las cosas envuelta en una circunstancia demasiado extraña para ella como para exteriorizar algo.      

El Espíritu de la Colmena parece una cierta referencia a esta película en cuanto se trata de mostrar todos los entresijos y la complejidad de la mirada infantil, aunque aquí el tono eminentemente realista hace de este filme una cosa bien diferente al mítico largometraje de Víctor Erice. Con un reparto adulto de intérpretes de los circuitos catalanes algunos de ellos debutantes y el tono casi de improvisación del filme (rodado en catalán) en un espacio bastante restringido - la inmensa mayoría del metraje se desarrolla en la masía familiar- la película es un feliz ejercicio de cine verista muy adecuado al tono intimista y de concatenación de situaciones y anécdotas de enorme realismo, esta claro  la directora se ah propuesto reproducir esa parte de su infancia al más mínimo detalle y para ello ha recurrido a recursos muy bien resueltos que abarcan una escenificación casi exacta de las relaciones familiares en situaciones desagradables y límite (todos los parientes de Carla trasmiten total credibilidad y resultan identificables como diversas tipologías de familiares), una muy fiel representación de los comportamientos de la infancia, y sobre todo un estudio de la reacción de los niños ante la pérdida y ante la desgracia. En el extraje no contemplamos casi a una Carla triste, sino a una Carla curiosa, rebelde y con sentimientos encontrados que abarcan el miedo, la ira, el atrevimiento y el escapismo, trayendo siempre de cabeza a su tíos, unos seres que definitivamente la llegada de carla pese a las esperanzas iniciales termina desnortándoles y solo en ese momento asumirán la importancia de la pérdida de la madre de la niña y sus consecuencias. El momento catárquico final, vivido por la protagonista, ilustra perfectamente el resultado del devenir de todo lo que hemos visto hasta ese momento en Carla. La niña Laia Artigas está fascinante en su debut y consigue adueñarse totalmente de la película con una madurez y naturalidad desbordantes. También es de reseñar la actuación de la muy pequeña Paula Robles, con una credibilidad fastuosa. Ha sido un acierto estrenar esta película en toda España en VO subtitulada porque no quiero ni imaginar la chapuza que hubiesen hecho doblándola y en definitiva desproveyéndola de su trabajado naturalismo en los diálogos. Una pequeña joya que demuestra que hay nuevos cineastas con mucho, mucho que decir y que además se atreven con proyectos tan difíciles como este, que es la mejor película española en lo que llevamos de año.  
  

martes, julio 11, 2017

HERMANOS DEL VIENTO (BRÜDER IM WIND)





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Gerardo Olivares, un veterano director español que ha sido capaz de plasmar toda su experiencia como director de documentales en más que interesantes filmes de ficción ha vuelto a acertar en el filme que cierra una trilogía en la que el director andaluz ha mostrado su vena naturalista (forjada en algunos de sus documentales previos) en películas como Entrelobos (2010) o la aún reciente El faro de las Orcas (2016) en donde el mundo de los animales y su relación con los humanos cumple papel central. Menos brillante sin embargo que las películas anteriores, esta Hermanos del Viento – codirigida junto con el austriaco Otmar Penker en una producción de este país- ha supuesto un esfuerzo artístico y técnico de primer orden ya que ha sido rodada durante varios años en los Alpes austriacos con un concepto más eminentemente documental y por así decirlo, científico que los filmes anteriores y centrándose en gran media en la vida de los animales protagonistas, que en este caso son las águilas reales: La vida casi completa de un águila real, desde su nacimiento hasta su madurez está plasmada con enorme detalle incluyendo impresionantes escenas de cacería o vuelo, interacción con otros animales u humanos a través de espectaculares y bellísimas imágenes en donde la majestuosidad del paisaje alpino se muestra en su esplendor y es un personaje más. Pero, claro está, lo importante aquí es la historia de relación del animal con el ser humano y en este caso nuestra águila cumplirá un papel importantísimo en la vida de un muchacho de 12 años Lukas (Manuel Camacho, el inolvidable “niño salvaje” de Entrelobos) que vive en un cabaña perdida en Los Alpes junto con su padre Keller (Tobias Moretti), con el quien por alguna razón tiene una relación tensa y casi silenciosa. Una premisa, la de la soledad y el sentimiento de culpa y la redención y hallazgo de la felicidad del ser humano por medio del amor a un animal, que se resuelve de manera demasiado simbólica y enormemente simplista y fácil en lo que la historia de las personas se refiere al establecer el corazón de la película en los devenires del águila protagonista, que a su favor hay que decir que se presentan por medio de sus hermosas imágenes captadas de la naturaleza con una puesta en escena que parece casi de ficción: como si los animales en realidad estuviesen actuando 
                                                                                                               
Pese a lo demasiado sencillo de la historia, ya solo la espectacularidad visual del filme justifica el que sea considerado como un brillante espectáculo en donde el mensaje de que la amistad verdadera es capaz de todo es el leiv mitin con el que debemos quedarnos. La película consigue transmitirnos la devoción que siente el joven Lukas por su águila Abel, la cual rescata cuando casi era un polluelo después de que su hermano la expulsase del nido y todo mediante el evocador poder de las imágenes y de la naturaleza. Su excesivo esquematismo y su morosidad a la hora de culminar una épica que al final no aparece por ninguna parte pese a ciertas esperanzas en el arranque o lo poco que aportan en realidad personajes como el guardabosques que interpreta todo un Jean Reno impide que esta sea una gran película, pero las propias condiciones del rodaje y la extremadamente difícil, arriesgada y valiente premisa técnica del filme tampoco se prestaban para demasiadas filigranas: al final el resultado valorando todo es más que digno. Para amantes de la naturaleza.

domingo, julio 02, 2017

WONDER WOMAN




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Hacía falta que el últimamente omnipresente género cinematográfico de los superhéroes tuviese por fin una película que marcase alguna diferencia -algo que las adaptaciones de los superhéroes Marvel solamente han hecho a medias y en muy contadas ocasiones (primera saga Spider-Man, primeros X- Men y Los Guardianes de la Galaxia) dentro de la basta cinematografía de esa casa, mientras que DC, que se ha unido a la fiesta del cine de gente en leotardos hace menos tiempo lo ha intentado con más esmero, pero sin demasiado éxito (Batman Vs. Superman)-  y sin que se haya logrado ninguna maravilla cinematográfica, la primera adaptación en largometraje de Wonder Woman, la superheroína por excelencia creada en 1941 por el psicólogo y guionista de cómic William Moulton Marson y que se fue uno de los primeros personajes de ficción femeninos que contribuyeron activamente en el empoderamiento de las mujeres en la sociedad occidental, resulta un filme de fantasía, aventura y acción muy bien planteado gracias a una regurgitación tan hábil como maquiavélica de diversos esquemas de la ficción de aventuras, y que aunque con alguna concesión logra avanzar bastantes metros de lo esperable en un filme de superhéroes. Y es que la editorial DC Comics tiene un legado de personajes del tebeo que ha trascendido tanto el propio universo de las viñetas (caso paradigmático, por supuesto, Superman y Batman) y que de hecho ha dado más que interesantes momentos a la historia del séptimo arte (el Superman de Richard Donner de 1978 o los Batman de Tim Burton de finales de los 80 y principios de los 90) y por ello se ha espmerado en hacer una adaptación de su tercera heroína en importancia como se merecía, aunque sin llegar a los niveles- de tono bien diferente uno de otro- de las primeras entregas de Superman y Batman: es precisamente el Superman de Richard Donner  una de las referencias claras de este filme especialmente en los primeros compases del mismo en donde se ve cierto paralelismo con los prólogos supermaneros en Krypton y Smallville, en lo tocante a mostrar un entorno espacio-temporal y conceptual totalmente diferente al resto del filme pero al mismo tiempo totalmente coherente en su temática con lo que se ve después. Dirige aportando además su punto de vista femenino Patty Jenkis, quien realiza un hábil trabajo conjuntado un cóctel tan heterogéneo como  acción, comedia, aventuras exóticas retro, cine bélico, melodrama, historia de época, fantasía épica de espada y por supuesto cine de superhéroes al uso elemento este último que a veces desequilibra el conjunto hacia lo predecible, pero sin que se caiga en los clichés cada vez más cansinos de películas de este tipo.   

Planteada como precuela de Batman Vs. Superman: el Amanecer de la Justicia (2016)- en donde la israelí Gal Gadot debutó en el rol de la Mujer Maravilla- y de la aún no estrenada La Liga de la Justicia, se nos cuenta las tribulaciones de Diana, amazona  princesa del reino perdido de Temiscira, una isla de amazonas de la  antigua Grecia que durante milenios después de la caída de los dioses del Olimpo sus habitantes esperan el momento de vengar la muerte de Zeus en manos de Ares, el dios de la guerra. El destino de Diana como la más poderosa amazona que debe destruir a Ares y ayudar a los humanos a acabar con el odio y con las guerras se cumple cuando en 1916 a la paradisiaca Temiscira llega el espía norteamericano al servicio de Reino Unido Steve Trevor (Chris Pine) quien en plena Gran Guerra ha robado a los alemanes el libro de fórmulas de un mortífero gas que puede cambiar el curso de la contienda. Esto llevará a Diana al mundo de los mortales donde combatirá en el frente francés de la Gran Guerra al lado de la Triple alianza utilizando su fuerza y agilidad sobrehumanas mientras busca a Ares para aniquilarlo y trata de ayudar a la débil raza humana cuestionándose continuamente los porqués de las contradicciones de los mortales y el extraño e insignificante rol de las mujeres en el mundo “real”. Resulta un más que interesante hallazgo el plantear las segunda parte del filme como una película bélica y de espionaje (aunque en realidad no sea tal) con una recreación de la I Guerra Mundial que nada tiene que envidiar a muchas películas bélicas de los últimos años y además con una sensación de que se toma en serio a si misma como una película de aventuras inteligente, con su tono camp y de cómic clásico (con alguna influencia también de la serie Indiana Jones), pese que el guión en si tenga bastantes agujeros y al final el climax de la lucha final entre Diana Prince-Wonder Woman y Ares sea un poco más de lo mismo en escenas de este tipo aunque con su intríngulis más de acción ochentera que actual. Gal Gadot, bellísima, está creíble como heroína de acción y mujer concienciada de armas tomar y esperemos que no se encasille en papeles de acción similares porque tiene bastante potencial dramático, mientras que en el reaprto de secundarios nos encontramos con viejos conocidos/as del calibre de Robin Wright, David Thewlis, Connie Nielsse, Ewen Bremmer, Danny Houston o la española Elena Anaya como la Doctora Maru, una de las villanas de la historia. Lo dicho, que estamos ante la mejor película de superhéroes desde Batman (1989), aunque al final tampoco eso equivalga a una obra maestra.  

viernes, junio 30, 2017

MARIE CURIE





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Una lástima que un nuevo biopic de la científica polaco-francesa Marie Curie (1867-1924), descubridora de la radioactividad y primera mujer que consiguió un Premio Nobel, no esté a la altura de las circunstancias perdiéndose en un ejercicio estilístico, tanto en imagen como en recursos narrativos, loable en su esfuerzo pero pobre y poco convincente en sus logros. Con marcado tono reivindicativo de la figura de esta mujer pionera del reconocimiento de las mujeres en el mundo de la ciencia más allá de la influencia de su marido Pierre Curie, con quien compartió el Premio Nobel de Física de 1903, este filme narra principalmente la vida de Maria Sklodowska (su nombre de nacimiento polaco) desde la muerte de su esposo hasta bien entrados los años 10 del siglo XX, con lo que tenemos más bien un retrato de la mujer en un mundo masculino que aún no estaba acostumbrado a aceptar la inteligencia en el género femenino. En este aspecto, esta cinta polaca cumple su propósito y entrega una biografía más audaz y menos convencional que lo previsible, pero sus momentos pretendidamente simbólicos y algún ramalazo bergmaniano -pero siempre con esa peculiaridad realista-costumbrista que siempre ha caracterizado al cine del este de Europa- caen en un pequeño empacho de esteticismo que resta credibilidad a la película.

Karolina Gruzska está bastante entonada como la física polaca nacionalizada francesa, una mujer entregada a su pasión por la investigación y por su familia a partes iguales que tuvo la suerte de poder equilibrar ambos espacios pero siempre luchando por su reconocimiento y por su genialidad, algo que muchos ponían en duda. Pero en un conjunto con más bajos que altos como este y un ritmo de historia incierto y a veces poco claro y aburrido, las buenas interpretaciones caen lo intrascendente. No ha tenido suerte en taquilla esta película, por cierto.

martes, junio 20, 2017

EL CASO SLOANE (MISS SLOANE)





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Siempre ha habido épocas en las que el thriller político se prestaba más por las peculariedades coyunturales de la situación internacional, y esta década de 2010 en donde la globalización ha producido muchos daños colaterales en interminables ámbitos y escalas, no es una excepción. Pero lo malo es que la creatividad cinematográfica y el sentido del riesgo en el cine actual no están en niveles excelsos que digamos  y no digamos ya cuando se puede insertar el elemento denuncia, algo que en otra época regaló no pocos thrillers políticos de este tipo más que interesantes: simplemente, se recurre al cliché de lo supuestamente políticamente correcto y ya está. De todo esto es lo que peca Miss Sloane, una película que sin embargo no debe caer en saco roto por su excelente guión, sus cuidadas interpretaciones y su tino a la hora de retratar la enorme confusión y ambigüedad ideológica y ética de cierta nueva clase política y empresarial condicionada por sus propios intereses personales y vendida a la refulgencia del dinero y siempre al servicio, directo o indirecto, consciente o inconsciente, de lobbys y grandes corporaciones. El personaje que da nombre al filme, Elizabeth Sloane, aparece un paradigma de la nueva praxis de los lobbys recurrentes en el mundo de la política en EEUU: una persona joven ambiciosa, sin límites profesionales, dispuesta a cambiar de principios y cambiar de chaqueta ideológica pisando a todo el que tenga delante y maniobrando de manera oscura e ilegal con tal de conseguir su objetivo. Si a ello añadimos que es mujer, solitaria y volcada con su trabajo tenemos ante nosotros a un personaje tan jugoso como poco empático para el público si bien  cumple con creces su rol de antiheroína del siglo XXI, algo a lo que contribuye decisivamente la esforzada interpretación de Jessica Chastain.            

John Madden, un director más efectista que otra cosa, dirige con oficio pero de manera rutinaria una película inteligente y hábil que no logra sin embargo atrapar como debiera al espectador por culpa de su poco estimulante puesta en escena. Sloane, una asesora política ambigua y con diferentes caras, se introduce en el eterno debate norteamericano de los límites la legalidad de las armas jugando a varias bandas y tocando las narices a compañeros, superiores y políticos rompiendo todos los límites de la ética, algo en lo que juega un papel fundamental el mundo de la tenencia de armas en EEUU y sus concomitancias morales y sociales. Su supuesta evolución ideológica y moral y sus consecuencias a varios niveles es lo que estructura esta película que muchas veces se pierde en unos giros e impulsos argumentales deficientemente estructurados y en una estructura narrativa de flashback que aporta más bien poco, algo que sin embargo no impide que el filme cumpla su función. Al final, da la sensación de estar ante una película esforzada y honesta pero lastrada por concesiones comerciales (un elemento thriller nada novedoso) y una falta de sentido del riesgo.