miércoles, mayo 10, 2017

GUARDIANES DE LA GALAXIA VOL.2 (GUARDIANS OF THE GALAXY, VOL2.)




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Con una gran expectación ha llegado la segunda parte de Los Guardianes de la Galaxia (2014), tal vez la mejor película hasta la fecha de Marvel Studios y singularmente, ya que el cómic en que se basaba esta película y la continuación que nos ocupa no se adscriben directamente al género de superhéroes propiamente dicho- santo y seña de Marvel Comics - sino en el de la ciencia ficción en su vertiente espacial aunque eso si con todos los elementos consabidos de acción desbordante. Esta segunda entrega, pese a seguir el tono más o menos iconoclasta, políticamente incorrecto y levemente gamberro de la anterior película, ha pinchado bastante y es que es posible que la fórmula ya de poco más de sí, aunque se siga agradeciendo ese curioso tono de homenaje a la cultura pop, que puede resultar a veces un tanto metido con calzador. El director James Gunn repite, así como el elenco de actores que da vida al peculiar grupo de héroes errantes espaciales dispuestos a proteger la galaxia de todo tipo de amenazas. Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Michael Rooker, Karen Gillan y las voces de Bradley Cooper y Vin Diesel dan vida de nuevo a los miembros (oficiales y no oficiales) de los Guardianes que en esta ocasión deben hacer frente a la amenaza que supone el propio padre del guardián semiterrestre Peter Quill alias Starlord (Chris Pratt), un ser de la especie casi divina de los celestiales que es en si un planeta paradisíaco, Ego, que puede tomar la apariencia corpórea de un ser humano, que aquí lleva los rasgos de un retornado Kurt Russell, del que se incluye una versión rejuvenecida por ordenador en algunas escenas del filme.  


Hay el consabido tono de comedia, interesantes insertos de aventura apocalíptica, ramalazos de western y aventura tradicional, personajes bizarros y muy atractivos en la línea de la mejor y más imaginativa ciencia ficción espacial y divertidos guiños de cultura popular de nuevo aderezados con la banda sonora de clásicos de los 60, 70 y 80 del walkman de Quill que esta vez incluyen a gente como Cat Stevens, Fleetwood Mac, Sweet o George Harrison; pero ya no hay apenas factor sorpresa y ni si quiera personajes hechos para meterse al público en el bolsillo como la versión bebé del árbol humano Groot llegan a cumplir al cien por cien su función. Al reparto no obstante se le nota entregado y divertido en una producción de lujo con efectos especiales deslumbrantes y un guión simple pero muy inteligentemente dispuesto y lleno de pasión por la acción que tras un comienzo algo flojo comienza a cobrar interés en la segunda mitad del metraje. Sylvester Stallone realiza un cameo como el mercenario Stakard Ogord, cuyo papel puede ampliarse en sucesivas entregas, y por supuesto vemos de nuevo al inefable Stan Lee en una de sus cada vez más absurdas intervenciones. Una película para los amantes de la evasión inteligente. 

jueves, mayo 04, 2017

LADY MACBETH



 
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Ha sido una sorpresa en los festivales (el Zinemaldia, por ejemplo) y la crítica está alabando en las últimas semanas esta magistral opera prima del británico William Olroyd, un director al que habrá que seguir ya que en este filme demuestra unas habilidades cinematográficas de veterano. Basada en la novela naturalista del ruso Nikolai Leskov Lady Macbeth del distrito Mtsenk (1865) que inspirándose en el mito de la sangrienta antiheroína shakespeariana escribió la historia de una muchacha que ante la desastrosa perspectiva de un matrimonio de conveniencia con un déspota terrateniente rural decide transgredir cualquier norma moral entregándose además al crímen- y que ya dio lugar a una adaptación de Andrej Wajda en 1962- , aunque en esta ocasión la acción se traslada a la Inglaterra victoriana en su entorno más campesino. Una adaptación magistralmente narrada y con un poder visual entre hipnótico y turbador y al fin al cabo altamente inquietante que para si quisieran muchas películas actuales de terror. No deja indiferente al espectador su atmósfera inquietante excepcionalmente lograda con una cuidada ambientación de época - una Inglaterra rural salvaje y caciquil- que recuerda en su verismo al Barry Lyndon de Kubrick y a no pocas representaciones pictóricas del realismo decimonónico en su vertiente más miserabilista y un tono de pesadilla tomado del David Lynch más perturbador. El resultado, una pequeña obra maestra que es de lo mejor que podemos encontrarnos en la cartelera actualmente.


La jovencísima Florence Pugh literalmente se come la película con su ambigua presencia interpretando a Katherine, una adolescente que pronto es consciente del infierno que le espera con un marido sexualmente  impotente. cruel y con un punto de sadismo (Paul Hilton), en un caserón opresivo en donde solo el personal del servicio doméstico - encarnado por la doncella Anna (Naomi Ackie)- parece tener algún poso de humanidad. Un embrutecido mozo de cuadra, Sebastián (Cosmo Jarvis), será el consuelo sexual y amoroso de Catherine y pronto cómplice de una pérfida venganza. La película se aprovecha de ciertas convenciones del thriller contemporáneo para ofrecer en realidad un filme de perversa hondura psicológica y moral además de un cierto mensaje feminista sobre la condición histórica de la mujer con una presentación digamos de lujo. Una película cien por cien recomendable. 

domingo, abril 30, 2017

STEFAN ZWEIG: ADIOS A EUROPA (VOR DER MORGENRÖTE)





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Un más que estupendo filme biográfico hecho con sumo cuidado en todos sus aspectos (ambientación, rigor histórico, guión inteligente, fiel a los acontecimientos y elaborado) y que pone de manifiesto que no es necesario caer en los clichés hollywoodienses de los biopics para realizar una obra que puede resultar enormemente interesante y apasionante. Y es que era necesario mantener un punto de vista cien por cien europeo para mostrarnos un pasaje fundamental en al vida de un escritor e intelectual de la significación del austriaco Stefan Zweig, figura clave en las letras germánicas del siglo XX y marcado por la persecución que sufrió durante la época del nazismo en Austria y Alemania por su condición de judío. Su exilio a partir de 1939 en Estados Unidos y sobre todo en Brasil- país donde gran parte del filme está rodado-  es lo que cuenta esta película que se desarrolla en los tres últimos años de la vida de Zweig, un hombre que terminó apesadumbrado y enormemente preocupado por el ascenso de al intolerancia y al barbarie en todo el mundo, representados por el nazismo y la II Guerra Mundial. Ni tan siquiera su exilio en un país tan exótico y extrañamente atractivo para él como era Brasil y el apoyo de sus amigos y familia logró borrar de él una depresión que le llevaría al suicidio. Josef Hader encarna magistralmente a Stefan Zweig en todos sus matices y se adueña totalmente de la película, una coproducción entre Austria, Alemania, Francia con reparto internacional y rodada en seis idiomas: alemán, inglés, portugués, español, francés e italiano, aunque no oigamos la lengua de Goethe ya que lógicamente esta doblada al castellano (no obstante personajes argentinos y de otros países hablan originalmente en español).

Combinando genialmente el drama psicológico y la crónica biográfica, la película triunfa en su intento de ofrecer una metáfora correlativa sobre el desarraigo personal y la decadencia de la moral humana representada por el odio entre los seres humanos y la guerra. Una puesta en escena magistral con diferentes ambientes muy bien presentados como escenarios nichos (el luminoso retiro en la jungla brasileña y las plantaciones de caña en Brasil, los ambientes urbanos académicos en ciudades como Buenos Aires y el ambiente de realismo decadente del exilio-reclusión estadounidense) y un guión nada moroso aunque puede que irregular en el ritmo potencian las virtudes del filme, en donde además de Hager destaca la interpetación de la gran Barbara Sukowa- la que fuera musa de Fassbinder- como Friderike, la atribulada esposa de Zweig, un personaje también con muchos matices. Y al final del filme, un mensaje claro y atemporal que resume muy bien la figura de un personaje como Stefan Zweig

martes, abril 25, 2017

ÚLTIMOS DÍAS EN LA HABANA





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El cine cubano estrenado en España desde los años 90 casi siempre ha tenido cierto carácter sociológico sobre la realidad de la isla caribeña en cada momento de los últimos años, algo que ha suscitado el interés siempre de muchos espectadores, algunos más dispuestos a encontrar valores y reafirmaciones ideológicas más que virtudes cinematográficas y otros ansiosos de encontrarse con turísticos clichés tamizados con el inevitable componente político social que para bien o para mal condiciona la producción artística de Cuba. Pasados ya en nuestro país los años de la cubamanía noventera que convirtió en éxitos de taquilla filmes tan poco comerciales (pero excelentes) como Fresa y Chocolate la incierta situación del país caribeño se quiera o no se ha convertido en un aliciente para comprobar como el oficioso género del cine realista cubano toca todos los cambios acaecidos en los últimos años en el país. Películas como esta Últimos Días en la Habana sin embargo no deben ser contempladas solo desde el punto de vista del cine digamos testimonial sino que deben ser alagadas por sus virtudes cinematográficas y narrativas que en este caso son bastantes. Un interesante y revelador fresco de la realidad de muchos cubanos a día de hoy presentado con una inteligente mezcla de drama y comedia con bastantes elementos- especialmente en los compases finales del filme- que se presentan novedosos y un tanto arriesgados en la coyuntura sociopolítica de la isla, todo ello realzado con una puesta en escena que combina a la perfección lo teatral con lo semidocuemental con un tono sobrio y naturalista.


Dos amigos de personalidades antagónicos son los protagonistas de la cinta dirigida con clase por Fernando Pérez: Miguel (Patricio Word) un hombre cercano a los 50 años sin oficio cuya obsesión es marcharse de La Habana e ir a vivir a Nueva Cork pasando el tiempo aprendiendo inglés por su cuenta y cuidando de su amigo Diego (Jorge Martínez) homosexual enfermo de SIDA cuyos días están contados pero que quiere vivir con felicidad y vitalidad su ocaso frente a la taciturnidad de Miguel, un hombre que parece carcomido por secretos de todo tipo. Sin que haya una historia narrativa dinámica y clara y en donde solo en la segunda mitad de la película con la aparición de personajes como la sobrina de Diego (Gabriela Ramos) -fiel reflejo de la percepción de la juventud cubana hoy día – la historia da ciertos giros y avances que la hacen reveladora, Últimos Días en la Habana se muestra como una película eficaz, solvente y emotiva que cumple a la perfección su función, que no es otra que presentarnos (con las matizaciones de autocensura que la situación política del país se supone que condiciona) el cacao en el que muchos cubanos viven a día de hoy, dubitativos y ambiguos (y un tanto desencantados) ante los principios de la revolución pero dispuestos a encarar su futuro con optimismo aunque este sea afrontado de múltiples y algunas un tanto inútiles maneras: desde adoptar usos y clichés capitalistas (aparición de tribus urbanas, gusto por la música rock, celebración de fiestas no hasta hace mucho prohibidas como la navidad o la repentina afición por un deporte casi desconocido en la isla como es el fútbol, con la gente luciendo camisetas del Real Madrid, el Barça o el United y discutiendo sobre balompié ) o soñar con un futuro de huída a otro país que puede que no reporte lo esperado. El personaje de Diego, reflejo de la consecuencia de afrontar los tabúes dentro de una sociedad con demasiadas prohibiciones y prejuicios y de la que él es victima aunque apenas sienta remordimientos, se antoja fundamental presidiendo un triángulo maldito y contradictorio con su sobrina y con Jorge. Película honesta de esas que deban verse para ampliar miras.

jueves, abril 20, 2017

GHOST IN THE SHELL





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No se puede decir que ha salido mal este intento de hacer una adaptación digna -aunque algo libre- del célebre manga de culto de Masamune Shirow creado en 1989 y del que se han hecho multitud de adaptaciones y secuelas en forma de varios filmes de animación, series de televisión o videojuegos. Todo un tótem para los seguidores de los productos audiovisuales de la cultura japonesa, más de 25 años después de su creación se encuentra con su primera adaptación en imagen real además de ser la primera realizada fuera de Japón. La forma en que se presenta esta aproximación a una historia que ha terminado ya por convertirse en un clásico de la ficción científica de los últimos 30 años -y que bebía de fuentes tan sugerentes y por así decirlo sagradas de la historia del género como la obra de Philip K. Dick, el ciberpunk, Metrópolis de Fritz Lang, las distopías de autores como William Gibson o  Aldous Huxley, y todo el manga futurista con Katsuhiro Otomo como notable referencia- es la de una superproducción hollywoodiense trufada los consabidos de efectos especiales que trata de avanzar unos pasos de lo previsible tratando de homenajear (aunque no siendo muy fiel) a la estética oriental original y vertebrándose en una historia sugerente y envolvente que conserva el sustrato filosófico de el relato original basado en la dualidad del cuerpo y el alma y la capacidad de utilizar esta última para luchar contra el mal. Con una estética visual que además de los consabidos elementos manga (aunque a veces mal casados con un reparto y unos recursos mayormente occidentales) incluye guiños a los cómics de Moebius y no pocas referencias a Blade Runner y unas imágenes más llamativas que cualquier otra superproducción ci-fi de los últimos años, Ghost in the Shell  es un buen trabajo cinematográfico que tal vez peca algo de conformista y de previsible en la resolución de algunos momentos: la urgencia por adaptar la muchas veces intrincada ciencia ficción manga a los estándares comerciales occidentales ha dado como resultado un producto que aunque eficaz en su propósito da la sensación de que podía haber dado más de sí, aunque hubiese sido un filme más minoritario.

Scarlett Johannson, que parece abonada últimamente a curiosas producciones de ciencia ficción, no esta nada mal como una bellísima cyborg recién creada, Mayor Mira Killian con el alma de una joven fallecida en su interior y que debe de hacer frente como arma militar al sórdido mundo del ciberterrorismo en un Japón del futuro dentro de un mundo dominado por las sanguinarias mafias de la cibernética y la electrónica. Más allá de los esperables combates, disparos, explosiones y momentos de thriller la película se recrea en algún momento de diálogo metafísico y es capaz de reflexionar aunque sea al fin y al cabo superficialmente sobre la condición humana y la perdida de la misma a causa de la conversión de humanos en máquinas (literal y metafóricamente) y el fin de los valores intrínsecos del ser humano. En el reparto internacional, en donde hay bastantes intérpretes japoneses aunque los papeles más relevantes sean para actores caucásicos, nos encintramos a Juliette Binoche como la científica creadora de la protagonista o a Takeshi Kitano como Daisuke Aramaki, el director de la Sección 9, un papel que ha rodado en japonés (sus diálogos se mantienen en el idioma nipón subtitulado en todas las versiones del filme) ya que el polifacético cineasta no habla ni papa de inglés. Nada del otro jueves, pero resulta bastante positivo que se hagan películas de ci-fi que consigan salirse, aunque sea un poco, de la tónica habitual      

viernes, abril 07, 2017

MAÑANA EMPIEZA TODO (DEMAIN TOUT COMMENCÉ)





 ** y 1/2

Un honesto y bien llevado melodrama-comedia cuya principal virtud (y posiblemente, defecto) es dejar el casi totalmente el peso de la película en todos sus sentidos en ese enorme actor que es Omar Sy, en una esforzada aunque algo irregular producción francesa (con participación británica y rodaje en el RU) remake de la película mexicana No se aceptan devoluciones (2013). Una película amable y familiar que disecciona con delicadeza pero sin arriesgarse mucho los entresijos de la paternidad y todo lo que un progenitor es capaz de hacer por su hijo/a. No se puede negar una más que correcta combinación entre la comedia y los elementos dramáticos y el encanto de un estilo narrativo pulcro y sencillo donde brilla la interpretación de Omar Sy muy bien secundado por esa pequeña gran actriz que es Gloria Colston en el papel de Gloria, la inesperada hija del irresponsable pero “reformado” por su fortuita paternidad Samuel, pero a la película le falta un tanto de credibilidad y decididamente flojea en su parte más dramática. No obstante, nada se puede reprochar a una puesta en escena elegante y sutil al servicio de una historia emotiva y amable en un producto demasiado escorado a las maneras de la comedia norteamericana.

La fábula de crecimiento personal de un joven francés fiestero e irresponsable cuya paternidad ilegitima de una niña nacida de una ligue inglesa le cambia la vida completamente incluida una nueva residencia en Inglaterra y un nuevo y curioso trabajo es la base a partir de la cual se desarrolla una historia honesta y esforzada pese a sus carencias, en donde los momentos más emotivos (teóricamente al final de la película) dejan una sensación un tanto confuso no tanto por su claridad y por el correcto componente emocional sino por la sensación de apresuramiento que parece ponerse en relieve ya de manera definitiva después de que en todo el metraje uno tiene la sensación de que la acción avanza un tanto acelerada e incluso aturullada. Pero no importa, unas interpretaciones protagonistas de muchos kilates  y un tono de optimismo que es de agradecer en historias de este tipo consiguen hacer de este filme una buena opción de tarde o noche de cine.     

miércoles, marzo 29, 2017

EL BAR






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En esta ocasión Alex de la Iglesia ha dado un pequeño traspiés en su intento de volver a hacer un drama-comedia con tintes alegóricos y críticos y trampantojos de cine de acción tal y como lo hizo- y con tino- con filmes como La Comunidad o Crimen Ferpecto. Y es que este nueva obra del director bilbaino da una constante sensación de deja vu de otras películas suyas además de ocuparse una vez más de temas ya tocados por de la Iglesia como son la mezquindad humana, la envidia, la hipocresía y la manipulación a la que la población civil es sometida por parte de las altas instancias. Con una puesta en escena a ratos teatral-  no en vano la película se desarrolla en su mayor parte en el interior de un bar madrileño- pese a que el filme se esfuerza en estar centrado en su competente reparto con ocho actores principales y por ello se nos presenta como una comedia de actores, en escasos momentos se consigue una historia interesante y coherente y tampoco se puede decir que el reparto esté al cien por cien en esta cinta. Al final nos encontramos con una película morosa, poco original como comedia salvaje-surrealista marca de la casa de la Iglesia y en resumidas cuentas casi aburrida a causa de un guión que no cuenta gran cosa y que solo cumple con el expediente a al hora de hacer una crítica a uno los males más endémicos de la sociedad actual: el egoísmo y el individualismo, aquí con un curioso retrato del alarmismo paranoico de los últimos tiempos. 

Es una pena ver como el director y guionista se encuentra un tanto perdido en una premisa interesante que en un momento de mayor gracia podría haber sido la maeria prima de una gran película, tal y como ocurrió en La Comunidad, en donde Alex de la Iglesia de mostró su maestría a la hora de hibridar el costumbrismo ibérico con ciertas metarreferencias cinematográficas en cuanto a géneros se refiere. Una joven pija (Blanca Suárez), una ama de casa ludópata (Carmen Machi), un ex policía cínico (Joaquín Climent), un sin techo trastornado y dado a los alegatos mesiánicos (Jaime Ordoñez), un empresario cabroncete (Alejandro Awada), un hipster listillo que parece ir a su bola (Mario Casas,)  la vieja y deslenguada dueña del bar (Terele Pávez) y un camarero que no es tan trozo de pan como parece (Secun de la Rosa) terminan mostrando lo peor de ellos mismos encerrados en un pequeño bar a causa de la acción de un misterioso francotirador que dispara a todo el que se encuentra en la zona mientras que en Madrid parece haberse declarado una especie de toque de queda. Con el thriller como elemento catalizador y una vez más el cine de acción tratando de impulsar desigualmente la trama, El Bar es un intento fallido de volver hacer un grandguiñol con los elementos característicos del cine del realizador pero todo con un resultado más low cost. Preocupantes signos de reiteración en un director que aún tiene capacidad para dar algo más.

domingo, marzo 26, 2017

LOGAN



 
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Por mucho que traten de “innovar” las adaptaciones de cómics de superhéroes Marvel siempre ofrecen un poco más de lo mismo. Ni más ni menos. Ni tan siquiera el recurso a nuevos enfoques argumentales y estilísticos que tratan de dar el pego de que las producciones de Marvel Entertainment son muy variadas unas de otras en todos los aspectos resulta efectivo. En esta ocasión se recurre por enésima vez al personaje de Lobezno (Wolverine) que Hugh Jackman vuelve a encarnar (yo ya he perdido la cuenta) en una historia que nos devuelve al mundo de los mutantes X Men (si, si, otra vez) en esta ocasión en el futuro, en el año 2029 con un Lobezno-Logan de cerca de 60 años que vive retirado de sus andanzas justicieras una vez los mutantes han sido prácticamente erradicados de la tierra. Inspirada vagamente en el concepto de la novela gráfica El Viejo Logan la película trata de ser un pastiche de western crepuscular futurista, la serie Mad Max, algunas ocurrencias tarantinianas  y el cine de gente como los hermanos Coen más naturalistas, con algún elemento malamente diatópico visto mil veces en la ficción científica y ramalazos de spaghetti western. No obstante, pese a la abundancia de clichés, el romo trabajo de los actores y  actrices y un guión más bien rutinario la película cumple con el expediente a la hora de presentar una historia entretenida y repleta de acción, algo que es más o menos lo que espera el público de este tipo de filmes. La inclusión de escenas más bien gore y una violencia bastante desatada supone una curiosa novedad- tal vez la más destacable- dentro del cine de superhéroes aunque a la postre el filme no diga nada bueno. 

James Mangod, en otro tiempo un prometedor director independiente -y que ya ha trabajado con Marvel y Jackman en The Wolverine (2013)-  se esfuerza por dar un tono adulto a una historia en donde un maduro y acabado héroe debe volver inesperadamente a la acción cuando recibe el encargo de proteger a una misteriosa niña de 11 años nacida y criada junto con otros niños y niñas en un hospital en donde se llevó a cabo un proyecto secreto del Gobierno USA para clonar a los X Men, siendo la pequeña Laura (Dafne Keen) un clon femenino de Lobezno. Un nonagenario y senil  Charles Xavier (Patrick Stewart) ayudará al héroe en su cometido en una historia que además de beber de tópicos del westrern (historia enmarcada en la frontera tejana,-mexicana, momentos de road movie, luchas y duelos a tutiplé) trata de arrimarse muy torpemente al universo de Sergio Leone (a veces mediatizado por Tarantino) e incluso homenajea abiertamente a Raíces Profundas. Pero al final, poquita chicha. 

martes, marzo 21, 2017

MOONLIGHT





 **** y 1/2

La ganadora sorpresa de este año al Oscar a mejor película ha logrado algo que hasta hace no muchos años parecía imposible, que una película independiente, con un director afroamericano (Barry Jenkis, un nombre a tener en cuenta) y un argumento centrado en la marginalidad, la delincuencia, y el drama de las clases desfavorecidas en toda su crudeza con el sempiterno fantasma de la droga como telón de fondo, unas pinceladas de romance homosexual y todo con un reparto casi exclusivamente de raza negra consiga ser considerada por la Academia como la película del año. Pero es que un drama de alto calibre como este no merecía peor suerte ya que, efectivamente, se trata de unas de las mejores películas estrenadas en EEUU en 2016 y además no sólo triunfa en su propósito de ofrecer un drama relista urbano con tintes de retrato generacional (la realidad de muchos jóvenes afroamericanos de zonas marginales) y biográficos (es una historia centrada en los 30 primeros años de la vida de un personaje), sino que logra con convicción acercarse a los cánones del cine mainstream en su versión dramática con lo cual su público potencial no será para nada exiguo. La historia de Chiron, un joven negro que vive en un entorno marcado por una madre yonki, un barrio en donde los traficantes de droga son el modelo a seguir y unas compañías que tarde o temprano van cayendo en lo oscuro ante la estupefacta mirada del protagonista, un sujeto sensible ye en realidad asustado e inadaptado en medio de un entorno más que hostil y que apenas va cambiando a lo largo del tiempo, produciendo en él cuando llega a la edad adulta una dual y esquizofrénica situación de persona al margen de la ley y al mismo tiempo un ser humano que trata de ser feliz y cuando puede ayudar y por que no amar a sus semejantes. Tres actores dan vida a Chiron, Alex Hibbetrt como niño, Ashton Sanders como el Chiron adolescente y  Trevante Rhodes como el personaje en su edad adulta, cada uno de ellos con apodos y apelativos diferentes que en cierto modo describen con línea intencionadamente gruesa la evolución-deriva de Chiron, cuya historia se nos presenta de una manera tan arquetípica como abrumadoramente conmovedora.

Combinando situaciones y escenas desgarradoras- sin caer en absoluto en el efectismo- y otras de enorme belleza poética, es esta una película que hace pensar sobre lo imperfecto que es el destino y sobre el poder devastador de los encasillamientos y la imposibilidad- o falta de voluntad- de huida de ciertos mundos. La fascinación por el mal y el lado oscuro de la vida es vivida por el protagonista como algo que es lo que debe hacer porque para él es lo correcto, aunque en su interior el desee vivir otra vida y ser otra persona. El personaje del mentor de Chiron, el dealer afrocubano Juan- interpretado por el más que merecido ganador del Oscar al mejor actor secundario Mahershala Ali, aunque su intervención es muy breve- cumple la figura paterna ausente del protagonista y se postula como figura clave en todo el devenir de la historia. Un filme genial y emocionante que demuestra nuevos y frescos modos de hacer del cine norteamericano.

sábado, marzo 11, 2017

EL GUARDIAN INVISIBLE






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Resulta más de lo mismo comprobar como cuando se quiere hacer desde el cine español un producto comercial y exportable además de no exento de buen cine siempre se caiga en los tics del cine hollywoodiense y mucho más cuando lo que tenemos entre manos es un thriller con un serial killer por mucha idiosincrasia ibérica que tenga lo historia y su marco. Cualquiera que haya leído alguno o los tres volúmenes de la Trilogía de Baztán de la escritora donostiarra Dolores Redondo- un fenómeno de ventas dentro del mundo editorial español- sabrá que la historia que allí se contaba daba para una serie de filmes de indudable interés comercial, y esta adaptación de la primera novela de la saga El Guardian Invisible no defrauda las expectativas y sobre todo satisfará a los lectores del filme, pero su rodaje en tiralíneas y el ya comentado escoramiento hacia el thriller americano de los últimos veinte años lamentablemente nos priva de lo que podía haber sido un excelente film con su inteligente y atractiva combinación de drama psicológico, intriga policial, asesinatos en serie rituales, elementos fantásticos y sobrenaturales y sobre todo una perfecta integración de un entorno más que sugerente, el valle del Baztán en norte de Navarra, con la historia, en donde la zona, foco de innumerables leyendas de la mitología vasca y escenario de oscuros episodios históricos con brujería e inquisición por medio además de poseer un vistoso paisaje boscoso propio de cuento, actúa como un personaje más, algo que la película recoge heredado del libre y de manera harto efectiva. Al final, nos encontramos con un interesante y apasionante thriller negro fantástico que sin embargo peca de convencional y poco novedoso pese al encomiable esfuerzo de producción, la esforzada dirección de ese valor en alza que es Fernando González Molina (Palmeras en la Nieve, otra adaptación de bestseller español) y la excelente adaptación de guión de Luiso Berdejo, el mejor guionista español en lo que a cine de género se trata.    

El reparto, bastante nutrido (y eso que se han eliminado personajes de la novela original) funciona irregularmente y el peso de varios caracteres en la película parece insuficiente y desdibujado lastrando bastante de la efectividad del guión y del desarrollo de la trama. Marta Etura encarna con solvencia pero un tanto forzada y maniquea a la heroína de la historia, la inspectora Amaia Salazar, una mujer del Baztán que tiene que regresar fortuitamente y sin muchas ganas a su pueblo Elizondo donde se está cometiendo el asesinato de chicas adolescentes de la zona siguiendo un extraño y retorcido rito en donde hay elementos bastante desconcertantes. Amaia se encuentra en esta inquietante investigación con los fantasmas de un oscuro pasado incluidos angustiosos episodios vividos en la infancia mientras que el Baztan parece irradiar en ella un influjo mágico relacionado con leyendas de hechicería y la supuesta presencia en el valle del Basajaun, la criatura mitológica vasca protectora de la naturaleza. Es una lástima que salvo excepciones, como Itziar Aizpuru (descubrimiento tardío en Loreak) o Elvira Minguez, que interpreta a la ambigua y oscura hermana mayor de Amaia, el resto del reparto no consigue nada especialmente memorable por culpa del ya comentado deficiente desarrollo de muchos de los personajes, incluyendo algunos con mucho peso específico en la novela original que aquí aparecen y desaparecen como el Guadiana. Buena ambientación dentro de un diseño de producción esforzado y con vocación internacional y desigualmente asimiladas influencias de David Lynch (más el de Twin Peaks que el de Blue Velvet), David Fincher y Steven Spielberg con mención especial al flashback final de la infancia de la protagonista, una escena efectiva y sobrecogedora. Quedan aún dos entregas cinematográficas más y ya veremos como salen, pero el resultado de la primera ha sido medianamente satisfactorio.   

miércoles, marzo 01, 2017

JACKIE (JACKIE)




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Con un no excesivo presupuesto y si mucha honestidad, oficio y ganas de mostrar buen cine en su vertiente de retrato histórico que además trata de incluir pinceladas de los avatares y circunstancias de una época significativa (la década de 1960), se presenta este logrado film que se focaliza en una figura que ha levantado amplio interés y pasiones entre periodistas, historiadores, cronistas de lo rosa y público en general: Jacqueline Bouvier, conocida posteriormente como Jacqueline “Jackie” Kennedy, tal vez la primera dama de EEUU más célebre de cuantas ha habido y todo un icono de la segunda mitad del siglo XX (posteriormente se casó con Aristóteles Onassis) , cuya viudedad del asesinado presidente John F. Kennedy aumentó aún más su aureola mítica. La película, que sigue una estructura narrativa de flashbacks con una Jackie Kennedy (Natalie Portman) que va desgranando sus recuerdos ante un escéptico manipulador periodista (Billy Cudrup) algunos meses después de la muerte de su marido, se centra en la semana inmediatamente posterior al crimen y como lo vivió- o se supone que lo vivió- la joven y bella primera dama. Es precisamente la disección de el estado de shock y las primeras reacciones en el duelo tras la muerte de alguien querido lo que trata de mostrar este filme presentando a una Jacqueline que de ser una primera dama no muy convencida de su papel y que no acababa de estar cómoda en su rol público pese a sus esfuerzos y el amor y la lealtad a su marido pasa a ser una mujer desencantada y confusa que siente como todo su tesón no ha servido de nada lo mismo que los ideales de su marido se han desvanecido con su muerte. Momentos de contradicción, nerviosismo y  ansiedad propios de una situación de este calibre son representados por Natalie Portman con una absoluta credibilidad y naturalidad consiguiendo una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha.


Sin seguir ningún pedante estilo documental y sin tampoco tratar de hacer ningún intrincado ejercicio de estilo el realizador chileno Pablo Larraín (El Club, Neruda) en su debut en EEUU consigue una película que si bien irregular resulta fascinante y en  cierto modo diferente gracias a que la interpretación de Portman tiene tantas aristas que parece que estamos ante un monólogo tipo Cinco horas con Mario en donde una viuda  desgrana toda su vida y las circunstancias que hicieron todo lo que es a partir del recuerdo de su marido, cuando en realidad el filme es casi coral con una puesta en escena austera pero totalmente verista con su época y además con momentos recreacionistas de alto nivel (el momento del atentado de Dallas, los duelos en la Casa Blanca y sobre todo la recreación del especial televisivo en donde Jackie mostró la White House a todos los norteamericanos, en un soberbio montaje con blanco y negro). Temas tangenciales como la bipolar relación de la ex primera dama con su cuñado Robert Kennedy (Peter Sarsgaard) que se antoja como una clave oculta en el personaje de Jackie, la manera en la que trató de comunicar a sus hijos la ausencia de su padre o los un tanto tumultuosos preparativos del funeral de su esposo son momentos que tiene en realidad mayor importancia de la que aparentan. Es un pena no obstante no poder haber visto esta película en VO ya que el trabajo de Portman imitando a la Bouvier se antoja fascinante y por mucho que el excelente doblaje se esmere en captar el esfuerzo interpretativo de la actriz. Por cierto, también interviene el fallecido no hace mucho John Hurt en uno de sus últimas actuaciones en el papel de un sacerdote, una presencia como siempre cautivadora

martes, febrero 21, 2017

MULTIPLE (MULTIPLE)





***y 1/2

No es una buena señal que echemos tanto en falta thrillers inteligentes y con substancia en el cine de hoy y que tengamos que esperar cierto tiempo (cada vez más, por cierto, en el caso del director que nos ocupa) para que gente como David Fincher, Dennis Villenueve  o el responsable de esta más que convincente Multiple,  M. Night Shyalaman, se asomen por la cartelera ofreciéndonos filmes de intriga más o menos alejados de las más manidas convenciones hollywoodienses, aunque en el caso de Shyalaman y de otros directores del ramo siempre se termine cayendo en alguna que otra concesión. Escaldado de sus últimos fracasos artísticos y comerciales  de los 2010 y cuando todo indicaba que había perdido el rumbo con algún bodrio tipo Airbender o After Earth parece que el realizador indio-norteamericano pretende volver a la esencia de su cine que encandiló en los 2000 con tal vez la película más madura de su filmografía, un homenaje a Hitchcock (gran influencia suya) con curiosos elementos de cine slasher con víctimas adolescentes (aunque no hay prácticamente escenas sangrientas) e insertos varios de género fantástico, algo a lo que ya nos tiene habituados Shyalaman aunque esta vez su praxis de incluir la irrealidad en un contexto cien por cien realista alcanza una cota insuperable. A ello le ayudan un guión excelentemente tramado con una espectacular superposición de historias enmarcadas en los contextos psicológicos de los personajes aunque todo de manera poco explícita pero reveladora y sobre todo por la maestría en la que maneja un tema tan delicado como es el trastorno mental llevado aquí a su paroxismo con un cierta justificación de ficción científica para mostrarnos a lo que podría ser capaz de llegar una persona con trastorno de personalidad múltiple devenida en un sádico y misterioso secuestrador de chicas adolescentes cuya finalidad es un misterio en casi todo el filme: huelga decir que para llevar a buen puerto esto se precisaba de una interpretación más que excelente y en este sentido el cada vez más en alza James McAvoy está de diez en el papel de un joven con múltiples personalidades (23 en el guión aunque vemos ocho) que esquivando y cumpliendo al mismo las extrañas teorías de su psiquiatra (Betty Buckey) sobre la personalidad múltiple, parece llevar a cabo una extraña venganza ”ayudado” por sus personalidades a las que trata como personas diferentes.       

La película tanto vista desde la angustiosa situación de las tres adolescentes secuestradas (Anya Taylor-Jon, Jessica Sula y Haley Lu Richardson) como de el alucinante panorama mental y comportamental del protagonista que en determinados momentos es una persona diferente tanto en edad, sexo como en comportamiento, léxico, costumbres y en muchas más mas cosas funciona a las  mil maravillas y se alcanzan momentos de tensión de manera inteligente sin caer en lo obvio de premisas de este tipo. Es de reseñar que, como en muchas de las películas de Shyalaman, hay un héroe tapado que en este caso actúa con la motivación de un horrible trauma anterior que se antoja como la Némesis y la energía vital ante la amenaza que el secuestrador prende sobre el destino de las jóvenes. Tal vez unos momentos finales algo apresurados y una interpretación de la historia pro parte de muchos de una cinta fantástica más (este elemento aparece en el momento más inesperado) resten empaque a uno de los thrillers psicológicos con más fundamento de los últimos años. Y cosa curiosa: se abre la posibilidad a una secuela con posible concomitancia con un filme anterior del director, es decir una doble e inesperada secuela crossover como nos deja ver su curiosa momento final auto homenaje: ¿estratagema?, ¿broma?, ¿simplemente un guiño al espectador?  Una cosa esta clara,  M. Night Shyalaman pese a su irregular filmografía sigue siendo un gran cineasta.   

jueves, febrero 09, 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR (MANCHESTER BY THE SEA)




 *****
Cine independiente con hechuras mainstream o como hacer una gran película que convencerá y entusiasmará a un amplio público saliéndose aunque sea levemente de las convenciones comerciales del drama y muy posiblemente con su cuota de triunfo en la ceremonia de los Oscar. Kenneth Lonergan, guionista de amplia trayectoria y director de solo unos pocos pero significativos filmes (a parte de este, Puedes contar conmigo y Margaret) consigue una de las mejores y más emotivas películas estrenadas en EEUU en 2016 partiendo de que una importante premisa para lograr un drama redondo es que el espectador se identifique con los personajes, a tal efecto la película tiene como protagonistas a gente normal de la clase media-baja norteamericana con problemas más bien grandes desde el punto de vista de la vida real pero que en cualquier otra película sencillamente no funcionarían. Y es que la mayor virtud de Manchester by the sea es haber encontrado el equilibrio perfecto entre el drama y la cotidianeidad sin renunciar a la hondura psicológica y el análisis de los efectos devastadores del desatino el las relaciones interpersonales, ya que básicamente la historia esta estructurada en las (tortuosas) relaciones entre sus personajes con el protagonista, el modesto trabajador de Massachussets Lee Chandler (Casey Affleck, mucho más que un “hermano de”) como vértice.            

Lee, un cuarentañero que trabaja de conserje en un bloque de edificios de Manchester, Massachussets, recibe la noticia de la muerte por infarto de su hermano mayor Joe (Kyle Chandler, curiosa la coincidencia del apellido del actor y el personaje) con el que tenía una estrecha relación tras haber sufrido ambos reveses en su vida conyugal. Por deseo de Joe, Lee deberá hacerse cargo como tutor de su sobrino de 16 años Patrick (Lucas Hedges) y deberá gestionar la embarcación deportiva de Joe con la que los dos hermanos y el chaval pasaron entrañables momentos. Sin embargo, Lee, un hombre dubitativo y de errático comportamiento no está muy cómodo con su nueva responsabilidad pese al afecto que le profesa a su sobrino; mediante flashbacks conoceremos las razones del carácter de Lee y su incómodo posicionamiento ante la vida. Dramas personales crudos y duros y problemas de diverso calado van desfilando por una historia en donde los personajes simple y llanamente luchan por su felicidad en entornos donde por diversas causas esto es muy problemático y difícil. Al final, resulta sencillo identificarse con los todo lo que se nos presenta en este filme, en donde  siempre con la emoción contenida la esperanza trata de abrirse paso. Una película cien por cien aconsejable que demuestra que aún hay directores como Kenneth Lonergan dispuestos a hacer que el cine norteamericano aún pueda sorprendernos… y emocionarnos

domingo, febrero 05, 2017

LION




 ****

Sin caer en la sensiblería, sin abusar de los lugares comunes de los filmes basados en más o menos trágicas historias reales (que caen a menudo en modos y maneras telefílmicas) y con un realismo desgarrador y un total afán por contar unos acontecimientos desagradables de la manera más ajustada posible- aunque vete a saber en cuanto se ajustan a la realidad muchos de los pasajes de esta película- Lion, basada en A Long Way Home, las memorias autobiográficas del joven indio adoptado en Australia Saroo Brierley, es un film desgarrado, a veces cruel e incómodo, pero con un reconfortante mensaje de que al final todo es posible cuando se lucha por ello, incluso revertiendo la desdicha inicial en una situación de felicidad. Una ambiciosa coproducción entre EEUU, RU y Australia rodada en las antípodas y en la India que además supone un valioso documento de la realidad que vivieron y que siguen viviendo muchos niños en el país indio que sufren situación de abandono. La historia de Saroo, interpretado aquí por el cada vez más versátil Dev Patel (Slumdog Millionaire, El Exótico Hotel Marigold, El hombre que conocía el infinito) no será diferente de la de muchos niños de la India huérfanos que fueron adoptados por familias occidentales, pero su afán por encontrar a su familia biológica llegado a la edad adulta es una curiosa epopeya que pese a que en esta película no consigue tener demasiada hondura dramática- algo que si tiene y a raudales la primera parte de la cinta que nos cuenta las andanzas del Saroo de 5 años- cumple con creces su función de conmover al espectador, algo que ya habían hecho los primeros compases del filme de manera más torrencial.

Seguir la historia de un niño de 5 años (Sunny Pawar, un pequeño gran descubrimiento) en medio de una situación familiar de partida en 1986 sumida en la miseria en la que ayuda a sobrevivir a su madre viuda (Priyanka Bose) recogiendo piedras en su trabajo en una cantera mientras su adorado hermano de 13 años Guddu (Abbishek Bharate) trata de buscar trabajo en su pueblo al norte de la India es un espectáculo narrativo de primer orden en donde la inocencia y las ganas de los dos hermanos de mejorar su situación imbuyen necesarias dosis de optimismo y esperanza para atenuar lo que se nos viene encima en el momento en que Saroo pierde a su hermano y al quedarse dormido en un vagón de tren llega accidentalmente a Calcuta donde trata de regresar sin fortuna a su pueblo- cuyo nombre prácticamente desconoce- y tras varias tribulaciones termina en un orfanato donde al poco tiempo es adoptado por John (David Wenham) y Sue (Nicole Kidman, viva la cirugía), una pareja de la isla de Tasmania en Australia. En esta parte del filme surgen nudos en la garganta, emociones a flor de piel y todo cuanto se espera de un drama realista bien contado y con al triste situación niños del tercer mundo por medio. La segunda parte del filme, con el Saroo adulto literalmente consumido por su afán de buscar a su madre y sus hermanos y con la incertidumbre de que es lo que le ocurrió a su hermano aquel día en la estación del pueblo, carece sin embargo de las aristas requeridas para una historia de este el calibre que pese a todo en conjunto funciona estupendamente. Una historia curiosa y emotiva que no debe pasar desapercibida en la cartelera   

martes, enero 24, 2017

SILENCIO (SILENCE)




 **** y 1/2

25 años ha tardado Martin Scorsese en llevar a la pantalla la novela del escritor japonés Shûsaku Endô, una historia de marcado sentido religioso y filosófico enmarcada en el Japón del siglo XVII que ya fue objeto de otra adaptación en 1971. Al igual que en la irregular La Última Tentación de Cristo (1988) Scorsese se vuelve a aproximar con sentido crítico pero al fin de cuentas fiel a la religión cristiana, una preocupación presente en su vida (el mismo quiso ser sacerdote en su juventud), pero si La Última Tentación resultaba tan efectista como filosóficamente simple en su propósito de establecer un what if de lo que hubiese sido la vida de Jesús de Nazareth como un hombre más, Silence se postula, además de por sus valores cinematográficos, como una película con un discurso reflexivo matizado e interesante que pone en relieve la utilidad el valor de los ideales y la fe ciega en ellos en entornos más que hostiles que terminan por hacer cuestionar el valor y la oportunidad de las creencias, en especial las religiosas, haciendo que la fe misma (en el caso de este filme, la fe cristiana) se ponga en cuestión y por ende, la esencia y el sentido de la vida de uno mismo. Sin necesidad de meterse en farragosas disertaciones teológicas y filosóficas, Martin Scorsese ofrece una historia tan humanista y sumamente psicológica como cruda y cruel con un sentimiento de epopeya que enseguida se trunca para mostrar un reverso de realidad bastante incómoda y cruel todo ello con una puesta en escena austera y muy lograda históricamente -parece haber sido rodada en el propio siglo XVII- y unas interpretaciones excelentes, conformando un nuevo gran acierto del veterano director neoyorquino.


Tanto la película como la novela original están inspiradas en una historia reala acaecida en la época de la introducción del cristianismo en Japón, llevada a cabo principalmente por los jesuitas. Dos jóvenes religiosos de la Compañía de Jesús, los padres portugueses Sebastiao Rodrígues (Andrew Garfield) y  Francisco Garupe (Adam Driver) que ejercen de evangelizadores en Asia, llevan a cabo al búsqueda, mandada por su orden, del Padre Ferreira (Liam Neeson) el mentor de ambos que se rumorea que ha apostatado de su fe cristiana y que vive como uno nipón mas en una aldea japonesa. Dicha búsqueda en varias localidades en donde los cristianos japoneses viven escondidos y atemorizados de las autoridades del país que no les dejan profesar su religión y que les obligan a renunciar a ella con amenaza pena de muerte en caso contrario, termina siendo un viaje dramático y repleto de horrores en el que ambos jesuitas son testigos de varias atrocidades y en donde su fe y sus convicciones comienzan a ponerse en duda más allá de que los propios japoneses traten de hacerles renunciar a ellas a la fuerza. Una historia sólida y sin concesiones a la comercialidad o a lugares comunes de las producciones históricas que sabe modular bien su intensidad sin llegar a aburrir al espectador y maneja magistralmente sus dosis de emotividad y de crudeza. Puede que a algún espectador le resulte indigesto tanto discurso teológico especialmente al final, pero de principio a fin a esta película no hay nada que le sobre. Cine sensible y con mensaje con firma de un director que ya lo ha dicho todo el la historia del cine.   

miércoles, enero 18, 2017

LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS (LA LA LAND)




 ****

Puede convertirse en la película del año en la medida en que los Oscar le otorguen, tal y  como se prevé, varios galardones y  por supuesto consiga altas recaudaciones en taquilla, algo que ya está logrando. Será lícito pensar, por parte de muchos, que La La Land es un nuevo intento de aprovecharse del insólito tirón comercial que el género del musical esta teniendo en los últimos años en el mundo del entretenimiento- a veces con alguna dosis de snobismo- pero el nuevo filme del joven director Damien Chazelle (Whiplash), no trata de ser en ningún momento un filme musical al uso y pese a que es declarada y evidentemente un homenaje a la era de oro del musical hollywoodiense (años 40 y 50) que nadie se espere una sucesión de tópicos del género ya que en esta película se parte de una estilización manierística tan de tiralíneas y con tanta voluntad metacinematográfica que el resultado es un delicioso ejercicio de experimentación narrativa con una historia melodramática más bien mínima que sabe fascinar y atrapar al espectador desde el primer momento. Conviene eso si no tomarse muy en serio todo lo que vemos desde el primer momento: estamos ante una especie de cuento de hadas, idealizado y un tanto simplista (solo aparentemente) en donde además de los consabidos números de canciones y bailes hay mucho momento fantástico, guiños al espectador, homenajes cinéfilos, puesta en escena teatralizada y todo ello con una estética colorística y con cierto tono atemporal (si bien la historia está enmarcada en la época actual) si bien inspirada en el tecnicolor de los años 50. Todo en conjunto es un producto tan inteligente y sugerente como muy posiblemente no plato para todos los gustos.


Chazelle, también guionista de la cinta, demuestra que con una historia de amor imposible muy simple pero al misma tiempo desgarrada y perfectamente creíble se puede hacer una excelente película si se usan recursos tan originales como los que el ha utilizado- y que hemos enumerado antes- partiendo del musical, un género que el trata de homenajear con pasión y entusiasmo lo mismo que con afán experimental y siempre dejando claro que el quid de la historia es la dificultad de congeniar la búsqueda de los sueños con la consecución del amor de tu vida, dos elementos que llevan a la felicidad, juntos o por separado, pero cuya conjunción está claro que es la aspiración de cualquier mortal. El buen hacer de sus dos protagonistas es clave en las virtudes del filme: Emma Stone como Mia, una aspirante a actriz y dramaturga que lucha desesperadamente por el éxito en ambas facetas cuya vida experimenta un importante cambio cuando conoce a Sebastián (Ryan Gosling) un pianista de jazz con ganas de triunfar y salir de la mediocridad. La atracción entre ambos y su complicidad en sus respectivas aspiraciones es la clave de la historia, un tratado de sentimientos que si se sigue con entrega y pese a su aparente sencillez puede llegar a conmover. Los temas musicales, variados en cuanto a estilos (clásico de Broadway principalmente, pero también con jazz, funk y algún oldie que en realidad no pinta mucho) no son ninguna maravilla pero se dejan oír, ya que parece que lo que importa en realidad es esa curiosa y genial puesta en escena en donde con bailes propios de musical de siempre y coroegrafías a lo Gene Kelly se no cuentan claves de la historia y de al relación y sentimientos de sus protagonistas (tal vez la escena inicial del atasco de tráfico filmada en plano secuencia sea lo más excesivo de la película). Una película llena de sugerencias, sentimiento y buen hacer con un envoltorio inusual.